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dimanche 5 juillet 2009

"Amado Bonpland en Asunción", Eric Courthès





"”MEMORIAS DE UN MUERTO”, EL LIBRO DE BONPLAND*: ESCRITURA Y MUERTE"
Club Français, Asunción,
Viernes 17 de julio de 2009
25 de mayo 972
http://www.leclubfrancais.org/
Tel. 595 21 447009
info@leclubfrancais.org
Por Eric Courthès
19h-21h

Para su primera novela, (acabada al cumplir Eric casi medio siglo, igual que su Bonpland, en la época en que decidió volver a hacerse la vida en Corrientes), el Sr Courthès no se asume como autor sino más bien como “usurp-autor”, de tan habitadas como lo están las páginas de su libro por el personaje en el cual decidió reencarnarse…
Pues se trata de memorias apócrifas, las que Amado Goujaud-Bonpland no tuvo tiempo de escribir él mismo, de tantos trastornos, trastocamientos y acontecimientos imprevisibles que el Karaí Arandú conoció en su vida y a los cuales el autor de ficción no tuvo mucho que añadir…
Autor ausente, personaje híper presente, acá tienen los ingredientes de Yo el Supremo, hipotexto de Augusto Roa Bastos, el autor ídolo del franchute, escritor insoslayable en la gestión de esta obra, (así como lo son los autores de las mejores novelas sobre Bonpland, pero por razones distintas), el argentino Luis Gasulla y el francés Philippe Foucault.
Ejercicio peligroso de re-escrituras permanentes, subyacentes, que van amontonándose en febriles palimpsestos, al borde del plagio y al fondo de la escritura…
De todas formas, nunca se inventa nada y al autor actual le urge terminar con la exposición malsana de su ego; el hombre se hace autor al proclamar su ausencia, y en ese caso especial, lo hace a través de la muerte de su personaje: momento mágico de eternidad, por el cual toda una vida va desenrollándose durante los pocos segundos de la agonía…
En aquel punto, imposible de aprehender, en el fondo de un Aleph atormentado, “text-isla” si la hay, se van arremolinando, íntimamente vinculadas, la Muerte y la Escritura…
Eric Courthès, (nacido el 24 de noviembre de 1959 y oriundo de la Isla de Olerón, al sur de La Rochela), por más que sea agregado y doctor en castellano, se hizo como hombre y autor muy tarde. En efecto, después de recorrer América Latina de mochilero en los años 80 a principios de los 90, decidió fijar su atención de etno-lingüista en el Noroeste Argentino y publicó en 1998 una tesis de doctorado, que versaba en las influencias del quichua en el español de Santiago del Estero.
Luego, a comienzos de nuestro milenio, dejó las maletas en Paraguay, y publicó una serie de artículos sobre aquel país tan secreto y fascinante y su escritor emblemático, Augusto Roa Bastos.
Mediante prismas tan variados como enriquecedores, tales como el bilingüismo, la insularidad, la frontera o la transtextualidad, de a poco se fue metamorfoseando en autor de ficción, y al pasearse por una « nota-texto » o un « texto-nota » de « Yo el Supremo », se topó con aquel extraordinario explorador rochelés, que le trastornó la vida, y le dio a conocer, (otra vez en varias etapas a veces muy dolorosas), sucesivas muertes simbólicas…
*La Rochela, 28 de agosto de 1773, Corrientes, 11 de mayo de 1858


Bibliografía de Eric Courthès:

A) Ensayos :

LO DUAL EN ROA BASTOS, Asunción, Servilibro, julio de 2003, 74 p., http://www.musicaparaguaya.org.py )
http://www.servilibro.com.py
LA ÍNSULA PARAGUAYA, Asunción, Universidad Católica, CEADUC, Biblioteca Paraguaya de Antropología, Vol.49, marzo de 2005, 88 p. http://spaces.msn.com.members/ROABASTOS/PersonalSpace.aspx
L’INSULE PARAGUAYENNE, París, Editions Le Manuscrit, marzo de 2006, 142 p., (traducción y ampliación de La ínsula paraguaya), http://www.manuscrit.com/catalogue/textes/fiche_texte.asp?idOuvrage=6773
http://spaces.msn.com.members/ROABASTOS/PersonalSpace.aspx
LO TRANSTEXTUAL EN ROA BASTOS, Asunción, Universidad Católica, CEADUC, Biblioteca de Estudios Paraguayos, Vol. 67, noviembre de 2006, 66p. http://spaces.msn.com.members/ROABASTOS/PersonalSpace.aspx
LA ISLA DE ROA BASTOS , Asunción, Servilibro, Estudios, Fundación Roa Bastos, noviembre de 2008, (compilación de mis tres ensayos sobre Roa y el Paraguay).

B) Ficciones y poesías :
LE LIVRE ET AUTRES DELIVRES, París, La Société des Écrivains, 153p., marzo de 2006.
http://www.societedesecrivains.com/pc/viewPrd.asp?idcategory=7&idproduct=756
http://spaces.msn.com.members/ROABASTOS/PersonalSpace.aspx

C) Traducciones :

METAFORISMOS/MÉTAPHORISMES, Augusto Roa Bastos, Barcelona, Edhasa, 1996, traducción, notas y prefacio, Ediciones L’Harmattan, Collection l’Autre Amérique, París, abril de 2008, 136 p.., http://www.editions-harmattan.fr/index.asp?navig=catalogue&obj=livre&no=25897
MEMORIAS DE UN ESCRITOR/MEMOIRES D’UN ECRIVAIN, Carolina Orlando, mémoires apocryphes de Roa Bastos, Asunción, Servilibro, marzo de 2009, París, L’Harmattan, L’Autre Amérique, marzo de 2009, traducción, notas y prefacio, http://www.editions-harmattan.fr/index.asp?navig=auteurs&obj=admin&admin=article_form&no=8485

mercredi 8 avril 2009

MEMORIAS DE UN MUERTO: "EL VIAJE SIN RETORNO DE AMADO BONPLAND", "Exergos mortuorios y escripturarios", Eric Courthès



fotograma de la película sobre Bonpland de Luis Armando Roche, "Aire libre", 1996



MEMORIAS DE UN MUERTO: EL VIAJE SIN RETORNO DE AMADO BONPLAND








EXERGOS MORTUORIOS Y ESCRIPTURARIOS


“Cuando ya nada se puede hacer se escribe. Es el único modo de comprobar que uno existe aún en la fijeza mortuoria de la escritura.”, Augusto Roa Bastos, Metaforismos, (Yo el supremo ), Barcelona, Edhasa, 1996.
“No se ha sabido nunca si la vida es lo que se vive o lo que se muere. Lo único cierto es que no vivimos otra vida que la que nos mata.”, ibídem.
“Hasta el morir todo es vivir.”, ibídem, (Madama Sui).
“Vivir sólo cuesta vida.”, graffito anónimo en las calles de Montevideo, foto de Gustavo Castagnello.
“Todos morimos antes de que se nos acabe la vida. Hay algunos que mueren dos veces.”, Augusto Roa Bastos, ibídem, (Yo el supremo).
“Únicamente el semejante puede escribir sobre el semejante. Únicamente los muertos pueden escribir sobre los muertos. Pero los muertos son muy débiles.”, ibídem.
“El muerto siempre y en todas partes sufre por muy muerto que esté con mucha tierra y el olvido encima.”, ibídem.
“La gente reunida en torno al cadáver estaba atontada como al borde de algo que no había sucedido todavía.”, ibídem, (Madama Sui).
“A fuerza de morir tantas veces los personajes de los libros alcanzan una especie de relativa inmortalidad.”, ibídem, (El fiscal).
“Su no-vida tiene cien años. Pero está más vivo que yo. No ha nacido todavía. No espera, no desea nada. Está más vivo que yo. ¡Eh don Amado! ¡Eh usted es quien ahora me permite partir. Me deja partir liberado del sobreamor excesivo de la propia persona, que es la manera de odiar mortalmente en uno a todos.”, Augusto Roa Bastos, Yo el supremo, Madrid, Cátedra, 1987, (1974).
“Don Amadeo fue siempre hombre de estar en varios sitios a la vez. Lo que es una manera de tener varias vidas . Unos lo ven por Levante; otros por Poniente. Alguien asegura haberlo visto en el norte; alguien en el sur. Parecen muchos, distintos y distantes, pero uno solo y único hombre son.”, ibídem.
“Después de vivir tantas vidas, mi vida vuelve a comenzar.”, “Otra esquina”, del CD “Dos”, del grupo “Otros Aires”, palabras y música de M. Di Genova, Unión de Músicos Independientes, Buenos Aires, 2007.
“No hay más que el principio y lo que está antes del principio…”, (epitafio de Chepé Bolívar en su propia caja), Augusto Roa Bastos, Moriencia, Cuentos completos, Asunción, El Lector, 2003, (1969).
“La muerte pasa rápido Ramón, pero es ese después lo insoportable. Nadie puede esconderse frente a la muerte.”, Cándida a Ramón, (Georgina Genes a Ramón del Río), Hamaca paraguaya, Paz Encina, Paraguay, 2006.
“Yo también morí en aquel momento.”, Javier Sampedro, (Javier Bardem), Mar adentro, Alejandro Amenábar, España, 2004.
“Mi vida me sienta mal; tal vez me caiga mejor mi muerte.”, François-René de Chateaubriand, Memorias de ultratumba, prefacio testamentario de 1833, 1848.
“La muerte es un idioma contra el que se ha nacido./ Aunque nadie jamás podrá enseñármelo, /no quiero llegar mudo hasta al final./ Nombrarla es la renuncia y es el éxito./ Digo morir y soy el primer extranjero de mi lengua”, Andrés Neuman, “La palabra sin patria”, El tobogán, Buenos Aires, Hiperión, 2002.
“No, para nada, no, no me arrepiento de nada, que mi vida, mis alegrías, hoy en día empiezan contigo.”, Edith Piaf, “No, no me arrepiento de nada”, palabras de Michel Vaucaire, música de René Dumont, 1960.
“Yo creo en la fuerza de los espíritus, nunca los voy a dejar.”, François Mitterrand, 1996.
“No se inventa nada. Sólo pequeñísimas variaciones de lo ya dicho y escrito, leído y olvidado.”, Augusto Roa Bastos, Metaforismos, (Yo el supremo).
“Lo que imaginamos existe.”, Alberto Monteagudo, “El arca de Húmboldt y Bonpland.”, http://mipagina.cantv.net/integrate/relato9.htm
“En este no ver de tanto querer ver, anhelaba que lo que estaba imaginando fuera mentira, y que lo que estaba imaginando destruyese lo imaginado.”, Augusto Roa Bastos, Metaforismos, (Contravida).
“Uno como escritor está siempre como dando cuerda y la literatura, de lo que trata en realidad, es de crear organismos vivos. Aún dentro de la letra muerta que es la escritura.”, entrevista de Augusto Roa Bastos por Ana Ribeiro, Asunción, 1998, http://laisladeroabastos.blogspot.com/search?updated-min=2008-01-01T00:00:00-08:00&updated-max=2009-01-01T00:00:00-08:00&max-results=15
“Eric escribe.”, Elixène Courthès, marzo de 2008.
“Escribo, para olvidarme de que en mi vida, ya me morí.”, el autor, marzo de 2008.
“Mi Amadis de Gaula, el muerto mío, me ha devuelto la vida.”, el autor, marzo de 2008.
“En la escritura de la muerte del Otro, en su ego reencarnado, he amado, viajado e investigado por poderes, pero también huí de los solapados solipsismos de la soledad y a la vez hice callar a todos mis detract-autores.”, el Usurp-Autor, marzo de 2008.
“La mayoría de los vivos han muerto, porque no estaría vivo?”, mi Bonpland, marzo de 2008.
“Hace falta vivir menos, ya estoy muerto de pies a cabeza. …Pero la vida y la muerte entran en nuestras vidas nos guste o nos disguste; si los echás por la puerta, vuelven por la ventana.”, Alejandro Maciel, Culpa de los muertos, Barcelona, Ediciones Rubeo, 2008
“Sólo donde hay tumbas la resurrección es posible.”, Augusto Roa Bastos, Metaforismos, (El fiscal).
“…un día pagué un funeral por tu muerte, así que estás muerto.”, Bigas Luna, Alberto Sierra, (Eduardo Fernández), Son de mar, 2001.
“Sobrepasado el fin de todo, había que seguir hasta la última supuración de la voluntad.”, Augusto Roa Bastos, Metaforismos, (Contravida).
“Todavía las muertes juntas /custodiaban su vida: / la bota de cien leguas de la lluvia perenne;/ el universo azul de las orquídeas/ y el aire potente de los infiernos verdes. /, « Responso », Poesías completas y otros textos, Asunción, El Lector, 1996, (1947).

“Hay un condado de Húmboldt en el estado de Iowa…una Bahía Húmboldt en Canadá. … También una corriente con su nombre… El mundo en cambio para mí…tiene el lenguaje de la muerte. No me habló Dios de entre la zarza ardiente…Nunca fui poseído por el Otro. No se me multiplicaron los espejos.”, Humboldt y Bonpland, taxidermistas. Tragicomedia con naturalistas en dos actos. », Ibsen Martínez, 1981, en Kohut, Karl, “Un homenaje irónico a Humboldt y Bonpland”, Humboldt n° 126, Bonn, Inter Nationes, 1999.

“Tres de la tarde. Con el mismo pretexto de una reparación, hemos conseguido nuevamente deslizarnos con Muleque a la azotea. Es asombroso. Allá abajo continúan estando ellas, impávidas, obcecadas, en esa tierra de nadie, preñada de muerte, reverberante y sombría a la vez; allí y en todos los otros lugares donde se han reunido a impulsos de esa especie de confabulación que se ha propagado como una onda magnética. … Tenemos … que transmitir la noticia… lo último fue ya apenas el gorgoteo de un estertor. Me costó cerrar los párpados en ese rostro que alumbraba la sonrisa de un muerto. Después bajé corriendo.”, Augusto Roa Bastos, « La rebelión de las mujeres », El baldío, 1967, (1960).

“El trueno cae y se queda entre las hojas. Los animales comen las hojas y se ponen violentos. Los hombres comen los animales y se ponen violentos. La tierra se come a los hombres y empieza a rugir el trueno.”, Augusto Roa Bastos, El trueno entre las hojas, 1959, (1953), exergo sacado de una leyenda aborigen.

“Ya no hay nada que hacer, la muerte se hace sentir.”, Ramón en La hamaca paraguaya.


“Por otro lado, mucho de lo que el hombre hace y es, tiene lugar en virtud de una frecuente intención de traspasar los límites impuestos por la muerte; el hombre es el único ser que ha soñado con ser inmortal.”, Etología humana, Animalidad versus Humanidad del Hombre », Carlos Benjamín Serrano, Corrientes, 2008
“La muerte hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas.”, El inmortal, Jorge Luis Borges, en Etología humana.
“Lo que más al hombre destaca de los demás animales es lo de que guarde, de una manera o de otra, sus muertos sin entregarlos al descuido de su madre, la tierra todoparidora; la pobre consciencia huye de su propia aniquilación y así que un espíritu animal, desplacéntandose del mundo, se ve frente a éste, y como distinto de él se conoce, ha de querer otra vida que no la del mundo mismo.”, El sentimiento trágico de la vida, Miguel de Unamuno, en Etología humana.
“¿Qué es el cerebro humano sino un palimpsesto inmenso y natural? Mi cerebro es un palimpsesto y también el tuyo, lector. Innumerables capas de ideas, de sentimientos, han caído sucesivamente sobre vuestro cerebro tan suavemente como la luz. Pareció que cada una de esas capas sepultaba a la precedente pero ninguna en realidad ha perecido.”, Suspiria de profundis, Thomas de Quincey, en Palimpsestomias, Carolina Orlando, sin publicar hasta hoy.
“¿Por qué sigo vivo?, me preguntan. Lo mismo que yo le preguntaba a Lía pero las preguntas sobre la vida y la muerte no son verdaderas ni falsas: son impropias, decía Hume. (…) Nunca estamos demasiado cerca de la verdad, Agop; nunca estamos demasiado lejos tampoco. Somos lo que hacemos y yo no amo en ningún tiempo verbal; tampoco odio, casi todo me resulta indiferente desde que me enfrenté a la muerte. (…) Ella buscará su propio fin porque el mío ya llegó. Pero antes de irme para siempre vivo esta agonía de ideas.”, Culpa de los muertos, Alejandro Maciel, Barcelona, Rubeo, 2008.
“Escribo para convencerme de estar vivo. Y aún así, créame [estimado personaje] que me cuesta.”, ibídem.
“Cuando el tabú del sexo se desmoronó el lúcido Occidente descubrió que le quedaba un tabú mucho más intrigante y doloroso, la muerte es una montaña comparada con el sexo.”No sólo no nos enseñan a vivir, tampoco nos enseñan a morir cherí.”, ibídem.
“Ay, hombre, si supieras lo débil que es cualquier amor frente a la muerte, es una hoja seca en poder de una tempestad.”, ibídem.
“El miedo a la muerte total fundó todas las religiones todas las religiones de la tierra, ya lo dijiste, y los mausoleos y las catedrales. Nos aferramos desesperadamente al hilo de vida y por alguna confusión nefasta creemos que en el yo está la clave de la existencia, en el yo nos adoramos, nos veneramos y escribimos porque en el fondo pensamos que dejando un testimonio seguiremos estando más allá de la muerte física. Pero nadie muere más ni menos, vencer a la muerte es un espejismo don autor.”, ibídem.
“Todo sea para conseguir algún alivio en ese campo de batalla donde se enfrentan ejércitos pero los verdaderos beligerantes son la vida y la muerte.”, En ese laberinto llamado ciudad, José Perez Reyes, Bogotá, Andrés Bello, 2004
«Sin el trabajo no viviría pero si no escribo me muero.”, José Perez Reyes, Semanario E’a, Suplemento El baldío, Asunción, agosto de 2008.
“”Joe Slater ha muerto.”, me dijo la voz de terror que se me llegaba de más allá del muro del sueño.”, Par delà le mur du sommeil, Howard Phillips Lovecraft, Paris, Denoël, 1956.
“- ¡Vaya cretino, Warren está muerto!”, Démons et merveilles, H.P. Lovecraft, Paris, 10/18, 1973.
“No se sabe nunca cuándo se nace: el parto es una simple convención. Muchos mueren sin haber nacido; otros nacen apenas, otros mal, como abortados. Algunos, por nacimientos sucesivos, van pasando de vida en ida, y si la muerte no viniese a interrumpirlos, serían capaces de agotar el ramillete de mundos posibles a fuerza de nacer una y otra vez, como si proveyesen una reserva inagotable de inocencia y de abandono.”, El entenado, Juan José Saer, Buenos Aires, Seix Barral, 2008, (1983).
“El acoso moral y sexual le quitó el lugar al Amor Libre, la Muerte a la Vida, la soledad letal de la Escritura a la Seducción y la Amistad…”, el Usurp-Autor.
“Ninguna vida humana es más larga que los últimos segundos de lucidez que preceden a la muerte.”, El entenado.
“El hombre es el único ser del reino animal capaz de trascender su envoltura mortal; incluso diría yo que es justamente esa capacidad a trascenderse a sí mismo que lo hace hombre.”, El solitario de Santa Ana, Luis Gasulla, Buenos Aires, Rueda, 1978.
“…Usted insiste, mi muy estimado colega y amigo, en recoger antecedentes sobre mi zarandeada existencia, como si yo, realmente, mereciera el honor de trascender a mi inevitable fin.”, ibídem, carta de Amado Bonpland a Pedro de Angelis, Sao Borja, 10 de marzo de 1848.
“Si no me quedaran más que cinco minutos de vida, aquellos cinco minutos me resultarían en extremo más ricos que todos los de mi pasado. […] La muerte no es el sueño eterno sino el comienzo de la eternidad.”, Le pêcheur d’orchidées, Philippe Foucault, París, Seghers, « Etonnants voyageurs », 1990.
“Oigan cómo en mis adentros me lo remueve todo, como si de verdad desfilara todo mi pasado.”, Edith Piaf, « Padam…Padam », letra de d’Henri Contet y música de Norbert Glanzberg, 1951.
“Dentro de sus memorias me quedaré cual el hombre libre de los esteros.”, mi Bonpland.
“La primavera reía sobre las tumbas, cantaba en el buche de los pájaros, ardía en los retoños vegetales, proclamaba entre cruces y epitafios su jubilosa incredulidad acerca de la muerte. Y no había lágrimas en nuestros ojos ni pesadumbre alguna en nuestros corazones porque dentro de aquel ataúd sencillo (cuatro tablitas frágiles) nos parecía llevar, no la pesada carne de un hombre muerto, sino la materia leve de un poema concluido.”, Adán Buenosayres, « Prólogo indispensable », Leopoldo Marechal, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1968, (1948).

samedi 23 février 2008

"Mi doble muerte", Eric Courthès ( autotraducción del primer capítulo de mi futura novela sobre Bonpland)


MI DOBLE MUERTE
(autotraducción del primer capítulo de mi novela "Mémoires d’un mort, le voyage sans retour d’Aimé Bonpland", publicada por "Palabras escritas", n° 5, Asunción, Servilibro, 2008)

“ Cuando ya nada se puede hacer se escribe. Es el único modo de comprobar que uno existe aún en la fijeza mortuoria de la escritura.”, Augusto Roa Bastos, Yo el Supremo

¿ Y vos quién sos, que venís a asesinarme post mortem ? Hay tantas versiones como posibilidades, de todas formas, “más allá del muro del sueño” eterno, no reconocí tu cara, en la oscuridad. Diz que sos un gaucho anónimo, o incluso un indio montado a caballo nombrado Macario, y que me habría negado a saludarte. ¿ Cómo habría podido contestarte? No estabas al tanto de mi muerte? Toda la ciudad de Restauración se había enterado? ¿ Cómo no lo ibas a saber vos? Otros pretenden que eras un pariente del Gobernador Pujol, uno de mis mejores amigos, esa hipótesis no tiene sentido....
Toda la noche me pusieron a secar, en la loma de los árboles del paraíso, sentado como si estuviera vivo, en mi sillón de fraile, para asegurar el proceso de embalsamiento. Hay quienes cuentan sin fundamento que te atreviste a acuchillarme penetrando por la noche en una iglesia, donde tenía lugar una capilla ardiente. ¡ Delicioses dislates de la ficción! ¿Quién se habría atrevido a semejante blasfemia entre nuestros compatriotas correntinos tan creyentes? Ni siquiera un gaucho o un indio machado! ¿ Cómo un adepto de las Luces como yo, ateo y masón, habría podido tolerar un velatorio en una iglesia? ¡No fueron mis últimas voluntades! ¡ Son puras chusmerías!
¡ Sólo un tipo experimentando el máximo rencor hacia mi persona podía provocar tamaña carnicería! “¿ Por qué tanta barbarie?”, se exclamó Alejandro de Humbold, mi amigo eterno, al enterarse de ello. Acá tienen una primera respuesta. Pasé los últimos años de mi vida, “ a la sombra de los árboles”, en mi estancia de Santa Ana, mi única compañía era mi hija Carmen. Victoriana Cristaldo, mi última esposa, no aguantaba más las vicisitudes de Saõ Borja, nuestra hacienda en Brasil, y mis incesantes viajes por el río Uruguay, al cabo de una corta estadía en familia, había vuelto a Corrientes, a casa de nuestros amigos, los Perichón, con Victoriana, Amado y Anastasio, para cuidar mejor sus estudios. En ese periodo su familia me odiaba a muerte, en su criterio yo era el aventurero empedernido, el rompecorazones, que la dejó a Victoriana, como a todas las otras. ¡ No fue así! ¡ Se fue motu propio! Al volver a Santa Ana, en 1853, yo había decidido vivir en la mayor indigencia, no soportó aquel aislamiento, aquella indigencia, como muchas mujeres, se sintió traicionada, y después de una última crisis, decidió volver a Corrientes.
¡Entonces vos el supuesto gaucho Macario, que va acercándose enmascarado en la noche oscura, que se inmiscúa cual borracho a la sombra eterna de mi árbol, te desenmascaré, sé quien sos, por el decoro me conviene callar tu nombre, pero todos mis lectores lo habrán adivinado, infame monstruo, que ni la muerte puede respetar! Más allá del umbral de la muerte, te escuché, gritaste al acuchillarme varias veces seguidas: “¡Tu ciencia ya no te sirve pa’ nada!”, con esa risa sarcástica, sin saludarme siquiera, tal como lo pretenden todas las falaces crónicas escritas al respecto...Yo quiero que pese a mi muerte, la verdad por fin estalle, casi todos los correntinos me idolatraban, se preveía para mí, ( y pese a mi voluntad), una semana de duelo nacional en la capital. ¿ Pues quién pudiera desear con tanta fuerza y rencor, romper este proceso irreversible? ¿ Quién pudiese arruinar las horas de trabajo de mi embalsamiento? ¡Yo mismo lo había recetado! ¿ Quién más sino vos? El que no se puede nombrar...

El compilador gracias a estas notas, ( que siempre se negarán al olvido de pie de página), siente la necesidad de restablecer acá “algunas verdades”, aunque este término sea perfectamente inapropiado en lo tocante a la vida ( y sobre todo la muerte) tumultuosa de Amado Bonpland. Nunca se sabrá lo que pasó realmente. ¡Qué los historiadores, ávidos de verdades proclamadas y evidencias innegables, huyen de estas líneas como la peste!
Amado Bonpland se murió el 11 de mayo de 1858, en su casita de Santa Ana, ( hoy día el pueblo más cercano se llama Bonpland), Provincia de Corrientes, a orillas del río Uruguay, al nordeste de Argentina, en su viejo sillón de mimbre, contemplando su jardín desde la ventana.
Luego se lo transfirió a Restauración, ( hoy llamada Paso de los Libres), para ejecutar su embalsamiento, en este punto tres versiones se enfrentan. Dos días más tarde, el 13 de mayo de 1858, habría sido apuñalado mientras se lo transfería a esta ciudad, o en Paso de los Libres, después de su embalsamiento, durante una capilla ardiente, o finalmente, delante de su casa, en Santa Ana.
A nuestro ilustre Muerto le dejamos la responsabilidad desus declaraciones. Está libre, ( y mucho más que cualquier hombre), de volver a vivir su muerte tal como se le antoja...
« Más allá del muro del sueño » es, amén de una digresión anacrónica asumida, una evidente alusión al genial Lovecraft, Maestro si los hay de las prosopopeyas. ¿ Quién puede olvidarse, después de haber leído algunos de sus libros, de los franqueadores de umbrales, allende lo real, como Randolph Carter o Joe Slater? Siguiendo esta línea, le damos la palabra a un muerto, más allá de los límites del espacio y del tiempo, e ignorando las reglas más elementales de la biología.
“¿Por qué tanta barbarie?”, esto es lo que declara Christian Vadim, ( digno de Catherine Deneuve el hijo), en su pellejo de Humboldt, en una adaptación magistral al cine de la “novela” de la primera parte de la vida de Bonpland, del amigo cibernético Luis Armando Roche, “Aire Libre”. Tal fue el impulso de su vida, la Libertad, y no sólo la filosófica del Espíritu de Las Luces, el cual supieron transmitir tan bien en América Latina, con Humboldt, y que originó, ( a partir de un sueño colectivo en un prostíbulo parisino), la Independencia de este continente, sino más bien, la de todos los días, por la cual, uno tiene que luchar paso a paso.
Bonpland también inspiró a numerosos novelistas, adeptos de la ficción histórica, entre los cuales, dos franceses, Philippe Foucault, en su obra,( muy documentada por otra parte), “El pescador de orquídeas”, lo nombra al gaucho asesino “Macario”. ¿ Sería una manifestación exotextual de nuestro Amigo fallecido, el genial novelista paraguayo, Augusto Roa Bastos? ¿Su extraño contador de “Hijo de hombre”, que se hace cargo de parte del relato, ( en especial de la que cuenta la extraña doble muerte de Bonpland), se habría metamorfoseado en asesino?¿ Su resurreción textual en “Yo el Supremo” no tendría fin?
En cuanto a Nicolas Hossard, reutilizando las últimas palabras de Foucault, lo hizo morir “ a la sombra de los grandes árboles”, a orillas del Uruguay, en un subtítulo muy poético y evocador de un personaje que se pasó la vida trepándose a sus ramas, para recolectar orquídeas: “ Aimé Bonpland (1773-1858), médico, naturalista, explorador en América del Sur”. (Nota del compilador).



En virtud de mis prácticas masónicas e inspirándome del arte del embalsamiento de los faraones del Antiguo Egipto, había pedido que se edificara a la vera del río Uruguay, que está cerquita, una Casa de Pureza, en realidad una gran carpa abierta a los vientos, para rociar mi cuerpo con su agua pura y lavarlo, y para que empezara a secar.
Lo habían colocado en una gran mesa de algarrobo, el Doctor Antero de Rivero había abierto dos ranuras en su parte superior, para que mis sesos ( triturados y picados por las manipulaciones del embalsamador, armado de un gancho en espiral y evacuado luego por las narices), pudieran fluir por los dos agujeros.
Para recuperar mis vísceras, el buen Doctor Antero, (al que yo mismo había formado), abrió mi cuerpo por el abdomen, habían reemplazado el ancho cuchillo de esquisto copto por un machete paraguayo bien afilado. Luego las lavaron con vino de palma, las rellenaron con condimentos y las envolvieron en un lienzo de lino, antes de colocarlas en urnas funerarias del Chaco, las cuales harían perfectamente las veces de canopes.
Prohibí terminantemente que tocaran mi corazón, sede de mis sentimientos y especialmente de mis múltiples pulsiones amorosas, tampoco les di permiso para que tocaran mi falo, del cual fue el tan noble y tan amado instrumento, y pedí que se evitara su desecación por todos los medios.
Suturaron mi incisión abdominal con placas de oro, que había traído desde Ecuador, lo mismo hicieron para tapar mis narices, mi boca, mis ojos y mis orejas.
Por fin ordené que se cubriera mi cuerpo con diez veces su volumen de polvo de natrón, así hubiese sido absorbida la humedad residual de mis tejidos, mi piel se hubiera desecado íntegralmente. Procurando evitar que mis uñas cayeran, taparon mis falanges con dediles de oro.
Pero vos el innombrable Cristaldo, el Diego de mal vino, que se pasó la vida embriagándose e envidiándome, llegaste por la noche de improvisto, completamente machado, a la cumbre de la loma de los árboles del paraíso, y terminaste destruyendo todo el trabajo de los embalsamadores.
Sólo Macario, hijo mostrenco de mi Supremo Amigo paraguayo, el Doctor Francia, fue testigo de la escena y pegó un salto en su lechito de ramas al tratar de auxiliarme.Estaba esperando a mi lado que encontrara un remedio para su hermana Candé, víctima de una especie de cáncer de los nervios. Después de un viaje agotador desde el Paraguay, permanecía esperando de balde que yo despertara, de puro milagro, desde hacía dos días. ¡Pero ya era demasiado tarde!
Ni tuvieron tiempo de aplicarme las bandas, de las cuales había soñado tanto durante toda mi vida, me veía en efecto como un Ramsés o un Toutankamón, sobreviviendo a los siglos. Bajo la protección de Anubis, Inpou o Anepou, el Dios de la muerte, con cara de chacal, mi cuerpo habría conservado su integridad física, y habría reemprendido el camino de su vida, más allá del muro del sueño eterno...






En realidad, pareciera que fuese el Gobernador de Corrientes, Pujol, que habría pedido el embalsamiento, antes de que se transfiriera el cuerpo hacia la capital. Pero el Amado nuestro de seguro poseía el secreto y lo habría informado al Cura Gay de Saõ Borja, el que lo introdujera en la logia brasileña y al Doctor Antero, también brasileño. Sin embargo estas exigencias funerarias no cuadran con la increíble modestia del “Karaí Arandú”, durante su vida. No obstante se puede ver en ello una voluntad de desafiar a la muerte allende los límites de lo posible, primero merced a una vida fuera de lo común y por último gracias a una muerte vista como una superación, un salto hacia otro espacio alcanzable...
En cuanto a los saberes sobre los ritos mortuorios egipcios, expuestos por nuestro Muerto tan amado con la mayor claridad y la frialdad habitual del médico, no es de extrañar. Bonpland el cirujano de marina, el viajero ilustre, es un digno representante del Espíritu de las Luces y encima, la campaña de Egipto había transmitido muchos conocimientos a Francia,( amén de los bienes expoliados), en los círculos de intelectuales parisinos. Es preciso añadir que el medio siglo que pasó en América Latina, en contacto íntimo con varios grupos guaraní del Paraguay y de Argentina, reforzó de forma empírica, (mediante el descubrimiento de los beneficios de las múltiples plantas locales desconocidas en aquel entonces), toda su sapiencia de médico y botánico occidental.
Bonpland, tal como los gatos maravillosos de Lovecraft, después de sus múltiples vidas, sus múltiples aventuras, que lo hacían realmente inasequible, a quien se lo mandaba buscar al fondo de la selva, “adonde estuviere”, descubrió su “Manorá”, su lugar para morir en guaraní, en Santa Ana de Yapeyú, al borde del precioso río Uruguay. Su muerte, conforme con su vida, no podía ser un hecho banal, lo había previsto todo, los saberes locales y lejanos, salvo la idiotez de un pariente, que nunca tuvo conciencia de haber convivido con un Gigante.
El Barón de Humboldt, (compañero de la expedición por el Amazonas, vencedor del Chimborazo, el Amigo eterno), no se habría exclamado acaso al respecto, ( al comienzo de “Aire Libre”, la película venezolana sobre Bonpland, de Luis Armando Roche, al enterarse de la muerte del charentés de tanto Amor que se lo puede leer en su propio nombre): “Los hombres a quienes les anima la pasión del conocimiento son como los gatos, se puede tratar de matarlos nueve veces, siguen viviendo!”.
Fuere lo que fuere, la cremación del “Gran Médico”, como lo llamaban los guaraníes, terminó siendo inevitable a causa del acto mórbido y odioso del infame Cristaldo. Hoy día las cenizas de Amado el bien nombrado descansan en el cementerio Santa Cruz de Paso de los Libres, en el panteón familiar, en una urna cineraria de mármol blanco, tirando a rosa por el desgaste del tiempo. El panteón amarillento recuerda por las cuatro columnas truncadas que lo rodean un sepulcro antiguo, la extraña chimenea que lo adorna en su centro, parece ser la cabeza de un cohete listo para despegar de nuevo hacia la vida, que lo abandonó hoy a uno de mis amigos . ( Nota del compilador)
Antes de que el buen Doctor Antero triturara mis sesos, mi alma, al presentir sin duda el desastre, se había escapado, echándose a volar por encima del río Uruguay. Es ella misma la que les contará ahora estas historias de mi vida. Hoy en día está descansando en la cima de un guapo’y de la isla Martín García, en la entrada del Delta del Tigre, donde había descubierto el secreto del mate. Gracias a este árbol de eterna vida, que devora sus congéneres, alcancé cierta forma de eternidad. Desde ahí domino el Río de la Plata limoso, estero sin orillas y sin fronteras, en un islote, por donde confluyen todas las corrientes, todos los climas, y por ende todas las plantas, de la América mía. Decenas de monitos alegran mis días, cohabito con una orquídea gigante, una heliconia caribbea , en la plaza del pueblito, la gente levanta a menudo la cabeza y se pregunta lo que estoy haciendo arriba...

Pero antes de que les hable de este islote mágico, primero les voy a contar nuestra expedición a las fuentes del Orinoco, con el amigo eterno Humboldt, desde mi conciencia superviviente dialogaremos y desafiaremos de nuevo la muerte. Desde la teórica fijeza de la muerte, les voy a escribir este libro, el mío, contárselos. ¿Qué más puedo hacer? Mis múltiples tiempos se han acabado, pero se me concedió un plazo, para narrarles los mayores momentos de mi vida, el compilador e incluso el autor ya podrán protestar tanto como quieran. ¡Este libro es mío!Me alcanzarán las fuerzas para escribir mis múltiples existencias, desde el óbito pasaré a mejor vida. ¿Después de mi segunda muerte, por qué no entraría en una segunda vida? Desde mis trópicos a la “ dulce Francia”, desde las riberas del Uruguay al “apacible Charente”, mi historia de aventurero, poniendo la sed de conocimientos y la libertad por encima de todo, les voy a contar.

La muerte es el silencio, empero mi voz de ultratumba traspasa el umbral del óbito, al escribir por ustedes este libro que le estoy dictando al autor. El nombre del tipo que aparece en la tapa es él de un falsario, un plagiario, un “contrafactor”, me usurpó la biografía compaginando muchos libros, pero soy yo el Autor de verdad. En vida ya estaba muerto porque había alcanzado la posteridad, igual le pasó a mi hermano Alejandro. Desde mi muerte, estoy vivo, por este libro que les dirijo.
Eric Courthès
12 01 08