vendredi 8 avril 2016

PREGUNTAS, CON MARYSE RENAUD, POR NILO PALENZUELA

MARISA EN SU JUNGLA DE POITIERS 1. En un artículo Emiliano Coello Gutiérrez sugería la persistente presencia en su narrativa de personajes expatriados. Desde la época de Suzanne Césaire a la actualidad numerosos martiniqueses parecen estar marcados por esta condición. Más que la expatriación en el caso Maryse Renaud, ¿habría que hablar de la nostalgia de la isla vivida en su casa durante la juventud? 2. El hecho de haber sido catedrática en la Universidad de Poitiers le ha permitido ver el espacio latinoamericano desde una perspectiva amplia. ¿Ve la literatura francófona integrada en ese panorama o aislada por las específicas condiciones de la francofonía? 3. Ante su novela Junglas surge enseguida el título del famoso cuadro de Wifredo Lam, de 1943. El cuadro tenía que ver con un contexto preciso donde se aunaba surrealismo y vindicación de las raíces africanas del Caribe; aquel lienzo tenía que ver con las posiciones de la revista Tropiques, con el Cahier d’un retour au pays natal, de Aimée Césaire, con los Contes nègres, de Lydia Cabrera, o con los poemas de Nicolás Guillén. ¿Le parece que aquellos procesos de fundación de una identidad tienen que ver con su universo literario y personal? 4. Visto desde el español, sorprende el amplio discurso que se ha desplegado sobre la identidad en diversas generaciones de escritores e intelectuales martiniqueses, desde la época de los animadores de Tropiques o de Édouard Glissant a Chamoiseau, Confiant y Bernabé, los autores de Éloge de la créolité? Las referencias a Martinique y a los "expatriados" ¿surgen más de una necesidad que de una voluntad teórica y estética? 5. Recuerdo las publicaciones de los años 30 y 40, Revue du Monde Noir, L'Étudiant Noir, Tropiques. Cyparis parece un personaje de la negritud.(Maryse me refiero a: perdida de sus raíces y, desde la perspectiva de la novela, evocación de un territorio imaginario afrocaribeño). 6. El créole es la lengua vindicada por las últimas generaciones de escritores de La Guadeloupe, Martinique o La Réunion. Advierto la presencia del créole entre los haitianos y martiniqueses de su narrativa última. 7. Cuando presentó su libro Junglas escuché que había elegido para escribir el español por su tono musical. ¿A la precisión conceptual y poética de la tradición escrita en su lengua prefiere la variación tonal y la ambigüedad de la lengua española? 8. ¿Será también porque en esta lengua se halla escritores próximos, Onetti o Felisberto Hernández? 9. Entre escritores a los que usted ha conocido se halla, según me ha dicho, Adalberto Ortiz. Salvadas las distancias históricas y las inclinaciones políticas del ecuatoriano, ¿sus novelas no merodean los paisajes vitales de supervivencia de un Juyungo? 10. Siempre sorprenden los escritores que escriben en lenguas que no son maternas. En francés hay muchos que lo hacen y que tienen como idiomas de partida el inglés, el rumano o el ruso. Latinoamericanos como Vicente Huidobro o Alfredo Gangotena escribieron en francés, también el español Juan Larrea. ¿Escribir en otra lengua significa una renuncia y una crítica al universo más familiar? 11. En Francia Maryse Renaud ha sido una gran difusora de los escritores latinoamericanos. ¿A qué escritores ha apreciado más desde el dominio del diálogo intelectual y de la amistad? ¿Y en el ámbito francés? RESPUESTAS 1. En un artículo, efectivamente, Emiliano Coello sugiere la persistente presencia en mi narrativa de personajes expatriados, y tiene toda la razón. Pero pongámonos de acuerdo sobre lo que entendemos por “personajes expatriados”, ya que la noción de expatriación, con frecuentes connotaciones políticas o jurídicas, va generalmente de la mano con la idea de desarraigo, de desposeimiento, de una dolorosa sensación de ruptura y fracaso personal. En mis textos pasa toda clase de personajes y si bien no escasean los que objetivamente se encuentran fuera de su patria, el que sean unos “expatriados” no reviste necesariamente en todos los casos connotaciones trágicas ni dolorosas. En Junglas, por ejemplo, mi última novela, se cruzan los destinos de un senegalés, un iraquí, un argentino (un exmontonero), un boliviano, dos ecuatorianos y dos jóvenes estudiantes franceses, uno de los cuales es martiniqués. Lo cual nada tiene de extraño ya que el marco de la acción es la babélica ciudad de Nueva York, un crisol de etnias y culturas. Entre ellos se encuentran gentes realmente desarraigadas, desvalidas, que se están buscando mal que bien la vida en los Estados Unidos, pero éste no es el caso de los dos franceses que sólo están de paso por Nueva York, descubriendo la ciudad. En cuanto a mis personajes antillanos propiamente dichos proceden generalmente de la clase media superior, o sea, la burguesía acomodada, sin mayores problemas económicos, que vive en Francia, en la metrópoli, más por gusto, por elección, que por obligación (véanse El cuaderno granate, La mano en el canal, Junglas). De modo que las tintas sombrías, violentas, que acompañan a menudo a la noción de expatriación, exilio, destierro, van reservadas más bien a otro tipo de personajes de condición modesta, acorralados por la miseria o por contextos políticos adversos. Con una excepción, sin embargo: la confrontación brutal con el racismo, desestabilizadora, humillante, vivida en el colegio por una niña antillana, en el cuento “Cara de ladrillo”, pero que viene tratada con humor y humanismo. Lo que sí sienten, en cambio, mis personajes antillanos es cierta nostalgia de la isla, de intensidad variada, según los textos…Una nostalgia idealizadora ligada a emociones, sensaciones, paisajes amados, sabores, a vivencias de la niñez (Véanse los cuentos de En abril infancias mil) 2. Para mí que son escasos desafortunadamente los puentes tendidos entre el espacio literario latinoamericano y la literatura francófona en general. De hecho, al privilegiarse el idioma se infravalora el peso de la historia que nos une a francófonos e hispanohablantes, de la geografía en común, de los modelos económicos que amoldaron durante siglos nuestras sociedades (la economía de plantación, por ejemplo); se olvidan las costumbres, la música y demás manifestaciones culturales que bien revelan el parentesco existente, por ejemplo, entre todos los caribeños, que hablen español, inglés o francés. Ahora bien, no seamos excesivos: entre la literatura francófona de las Antillas o de África y cierta parte de la literatura latinoamericana —la caribeña, la colombiana— noto a veces cierta porosidad, extrañas semejanzas en la temática, en la escritura, en la forma de aprehender el mundo; cierta coincidencia en el barroquismo de la prosa, por ejemplo. Similitudes que se deben, creo, sin que lo busquen necesariamente los autores a nuestras raíces comunes, a una sensibilidad común forjada por la historia. Ya mi amigo Vincent Placoly, en su tiempo, reivindicaba abiertamente su condición de “americano”, admirador de Borges, entre otras cosas. En mi narrativa intento, por mi parte, sugerir esta unidad soterrada que nos hermana más allá de la lengua, más allá del color, reuniendo mediante la trama a francófonos e hispanohablantes, involucrándolos en aventuras comunes. Y en el nuevo texto en el que estoy trabajando actualmente —una novela sobre un tal Cyparis, único superviviente de la erupción del Monte Pelado en 1902—, se ven muy bien los lazos estrechos, y hasta determinantes, que existieron en la época de la construcción del canal de Panamá, a comienzos del siglo XX, entre Martinica, los Estados Unidos y Panamá. Sin los antillanos francófonos y anglófonos sobre todo, y algunos centroamericanos, esta empresa prometeica no hubiera podido llevarse a cabo. Más que el idioma los hermanó la geografía, la tierra, el clima cálido y húmedo al que todos estaban acostumbrados y que eran los únicos en poder aguantar. 3. Claro que comparto la postura militante de un Wifredo Lam, si las raíces africanas del Caribe son lo que le presta a la zona gran parte de su identidad cultural, lo cual no significa limitar el Caribe a la negritud, desde luego, negando las demás aportaciones étnicas puestas de relieve por los adeptos a la “créolité” o al “Tout-Monde” de Glissant, por ejemplo. En mi narrativa, en El cuaderno granate en particular, se oponen abiertamente dos personajes en torno justamente al tema de la negritud, puesta en un altar por el marido y denigrada, en cambio, por la mujer, reacia en admitir a esta África que alimenta discretamente la cultura antillana y que corre por sus venas (es esta mujer un típico ejemplo de la alienación de la burguesía martiniquesa de los decenios anteriores, analizada, como bien se sabe, por Frantz Fanon ) 4 Puede sorprender, efectivamente, desde una perspectiva hispánica el amplio discurso identitario desarrollado por los intelectuales y escritores martiniqueses. Ahora bien, no son ellos, sin embargo, los únicos antillanos en demostrar interés por esta cuestión. Cuba, Puerto Rico, República Dominicana también cuentan con grandes textos ensayísticos sobre la identidad nacional (cf. entre otros El país de cuatro pisos del puertorriqueño José Luis González, o Al filo de la dominicanidad, de Andrés L. Mateo, o Los letrados y la nación dominicana, de Miguel Ángel Fornerín). Nuestra especificidad quizás radique en la reiteración y continuidad de dicho discurso, en las nuevas inflexiones y modulaciones que cada nueva generación pretende aportar a la reflexión colectiva. De alguna manera se explica, creo, por razones políticas, por el estatuto fluctuante de Martinica: primero colonia francesa desde 1635, luego “departamento francés de América” a partir de 1945 (con su correlato ideológico, la asimilación), departamento atravesado, sin embargo, por un fuerte afán independentista en los años 60 particularmente, situación incierta, siempre en cuestión, que no puede sino fomentar reflexiones sobre la identidad y el destino político del hombre martiniqués, sobre las relaciones entre metrópoli y departamentos de ultramar, sobre el lugar de Martinica en su espacio propio — el caribeño—, en el espacio latinoamericano y mundializado. De ahí, creo, el paso de la poética de la Negritud de Césaire (un momento fundamental de aclaración de la situación, de lucidez, para los antillanos) a la exaltación de la “créolité” , y de ésta al Tout-Monde d’Édouard Glissant, fase de apertura máxima al vasto mundo en el que nos toca vivir hoy. También podría hablarse de emulación constante entre unos y otros en la misma isla, de la necesidad de superar la palabra del Padre (Césaire), de ir afirmando nuevos valores tanto desde el punto de vista político como artístico. La noción de “expatriación” —con la carga dolorosa que implica—, tratándose de los intelectuales martiniqueses me parece muy relativa, porque van y vienen constantemente a su antojo de la isla a Francia, y de Francia a los demás países europeos, o a los Estados Unidos (véase el caso emblemático de Glissant). Expatriarse por algún tiempo hasta puede significar enriquecerse, entrar en contacto con lo otro, escapar de la clausura de la isla. Los únicos en sufrir realmente de dicha expatriación fueron los trabajadores que salieron masivamente a Francia en los años 60 a buscar un empleo que la isla no les podía ofrecer y que se colocaron mal que bien en la metrópoli en determinados sectores (hospitales, correos). Ahora bien, estéticamente el tema del expatriado abre posibilidades casi infinitas que no va a rechazar ningún escritor. Raphaël Confiant, por ejemplo, acaba de publicar la biografía (novelada) de una martiniquesa expatriada a los EEUU (por razones económicas y también por el afán de descubrir el vasto mundo y de afirmarse fuera de la isla): la mujer apagada y dócil de Martinica se convierte entonces en este nuevo contexto en un gángster al frente de una organización de apuestas clandestinas y reina literalmente sobre Harlem (Título: Madame St-Clair. Reine de Harlem, Mercure de France, 2015 6. En mi última narrativa, efectivamente, he acudido al créole, vindicado por las últimas generaciones de escritores de mi tierra, así como de Guadalupe y de La Réunion, en el marco de la política francesa de descentralización y del fomento de las lenguas regionales. (Se enseña el créole y se escribe también en créole para el teatro en particular. ) Aunque no soy “criollófona” ni mucho menos y sólo he vivido tres años seguidos en Martinica —la burguesía martiniquesa siempre se esforzó por distanciarse lo más posible de ese idioma popular, denigrado y tildado por mucho tiempo de “patois”—, siempre me ha interesado el créole. Por pura curiosidad, por saber que era parte de mis raíces y por amor a todas estas palabras misteriosas y esas cadencias que oía sonar de adolescente, en París, en los discos de mis padres. Mi madre fue quien me sirvió de iniciadora, me explicó las letras de las canciones y la cultura ancestral de la isla, y pronto aprendí a volar sola. Hasta puedo ahora hablar créole … con un acento no muy castizo, pero todos me entienden. Y he terminado por animarme a escribirlo. Por placer. Ahí vienen dos pasajes de Junglas, bastante significativos, creo: PRIMER PASAJE Bastien penetró en la habitación con ánimo conversador. Cuando estaba de buen humor se entretenía en mechar su discurso con palabritas en «criollo básico», que le venía enseñando a trancas y barrancas su amigo martiniqués, ansioso de vindicar, según decía, esta lengua largo tiempo considerada un dialecto y despreciada por la burguesía de su tierra. Pocas cosas diferenciaban, de hecho, al alumno del maestro. Cyril, que había vivido poco tiempo en Martinica, distaba mucho de dominar este idioma que sólo usaba de vez en cuando, nostálgico, con algunos amigotes para bromas y chistes, y casi nunca en su familia, acérrima defensora de la lengua francesa. Pero le tenía al criollo un cariño particular por haber sido una lingua franca, llena de colores, ritmos e imágenes sabrosas, chapurreada sin complejos desde los primeros tiempos de la conquista de Martinica por todos sin excepción : blancos, negros y también sus queridos caribes, unidos por un idioma campechano que hasta había acogido en su seno palabritas del español y del inglés. —¿Ki nov ?, tío. ¿Estás sordo ? Oye, conocí a una espléndida pelirroja irlandesa. Indiana… Original el nombre de la dama, ¿no ? Es por una vajilla de loza francesa con floripondios rosados que su madre vio en una tienda de antigüedades de Dublin. Y que no alcanzó a comprar..., pero se encariñó con estas tres sílabas. SEGUNDO PASAJE De repente Bastien se puso de pie y empezó a pasear por la habitación con aire jovial. —Pero todos pensábamos que ese plan era historia antigua, un capricho suyo (de Vincent y René), como otros tantos. Que sólo hablaban por hablar. O como me dijiste tú que dicen tus viejos martiniqueses de monte adentro, en criollo, « para impedir que se les críe mal aliento » —Bastien soltó una enorme carcajada. Le encantaba constatar cómo se iba redondeando con el tiempo su stock de palabras exóticas. Algún día terminaría por ser todo un doctor en criollo. 7-8 Primero no creo que la precisión conceptual sea privativa de la lengua francesa, también la posee la lengua española. Y le veo más flexibilidad, más posibilidades poéticas, sonoras, al español, que nos brinda generosamente palabras llanas, agudas y esdrújulas, cuando el francés se contenta con una melodía monótona basada únicamente en oxítonos. Tiene su encanto, no lo niego, una indiscutible elegancia (envarada, digo yo), como suelen comentar los extranjeros. Pero la lengua española lo tiene todo: la garra, la truculencia que le falta al francés, y la mesura, si hace falta, la emoción discreta y fugaz. Leo a Rubén Darío y me quedo totalmente satisfecha, o a Valle-Inclán. O a Felisberto Hernández que tan bien sabe captar la voz de los cuchillos, los tenedores, los balcones. Leo, claro, al gran Onetti y a otros muchos amados escritores de mi biblioteca. 9. Conocí efectivamente a Adalberto Ortiz, por pura casualidad, durante un viaje que hicimos mi esposo y yo a Ecuador, desde Martinica donde nos encontrábamos veraneando. Tenía 26 años y no sabía quién era él. Mucho más tarde, en Poitiers, leí Juyungo y me impactó bastante esta novela por su realismo lírico y su construcción desflecada, heterogénea, muy innovadora en aquel año 1942. Pero no creo compartir gran cosa con él, primero porque pertenecemos a generaciones y contextos históricos totalmente diferentes. La cuestión racial, centrada en la explotación del negro en Jugungo, no constituye el eje de mis textos, aunque el racismo y la xenofobia afloran en múltiples ocasiones en ellos, en marcos urbanos y contemporáneos. Creo, sobre todo, que lo que nos diferencia radicalmente es una cuestión de tónica: el arma del humor, de la parodia, que uso frecuentemente para canalizar o desinflar situaciones álgidas, no la maneja él, si mal no recuerdo. La tónica dominante de Juyungo es la tragedia desgarradora. Pero algunos atisbos de violencia telúrica atraviesan efectivamente mis textos, cuando me pongo a pensarlo. Específicamente en el texto que estoy preparando actualmente, y debo reconocer que a Adalberto Ortiz y a mí nos atraen poderosamente las potencialidades violentas, los recovecos oscuros de las selvas de nuestra América. 10. Beckett, Ionesco, Bianciotti, Kundera, Huidobro, Gangotena, efectivamente, escribieron en lenguas que no eran las maternas. Muy bien. Y supongo que no lo vieron como una renuncia, al contrario, sino como una apertura hacia otro mundo de signos, sonidos, sensaciones y valores. Por mi parte, opté por el español, después de una larga carrera de profesora de literatura hispanoamericana y de un doctorado sobre la obra del uruguayo Juan Carlos Onetti. El español es un idioma que amé desde el mismo momento en que me lo enseñaron en el Lycée Fénelon, en París, a través de la literatura picaresca, de los romances, de las comedias de Lope de Vega, del loco de Don Quijote, evidentemente. Pronto fui armando una pequeña biblioteca de textos queridos con el dinero que pedía a mis padres, para gastos menudos, y recuerdo que entre ellos se encontraba La barraca de Blasco Ibáñez. ¡Qué deslumbramiento ante tanta potencia! Y este entusiasmo nunca se desmintió, al contrario, fue creciendo con el descubrimiento de la literatura latinoamericana, con la cual estoy muy compenetrada por razones objetivas. Martinica: departamento francés de América. Tengo por tanto un pie en la metrópoli y otro bien afincado en América. Me gusta manejar este idioma español, hacerlo lo mejor posible, perderme en los recovecos de los diccionarios, averiguar matices, en fin, entretenerme con los signos, aprovechar las posibilidades léxicas y los giros específicos que ofrece América Latina, que siempre late en mis textos a favor de un diálogo o de una descripción, por ejemplo. Y también intento imprimir al español que escribo una cadencia mía, sacudirlo con frases secas, precipitadas, tajantes, en ocasiones, o envolventes, proliferantes y sinuosas como la maleza tropical. Escribir en español para mí es una fiesta. A expresarme en francés he renunciado de momento porque me avergüenza, me apena, me entristece ver el poco interés que demuestran actualmente en Francia los intelectuales, las supuestas élites, por su lengua y su cultura. A diario, tanto en la radio como en la televisión (un poco menos, es cierto) se pisotean las reglas más elementales de la sintaxis (interrogaciones, negaciones, afirmaciones) y se habla una lengua de “patio de escuela”, pueril, esquemática, desestructurada. Y nadie rechista, ya que son doctos profesores, ministros, especialistas en esto y lo otro, y hasta el mismo presidente de la República, los que profieren las burradas en cuestión. Es tal el deterioro actual de la lengua, invadida, en cambio, por un montón de inútiles anglicismos, que a veces dan ganas de bajar los brazos. AHÍ TIENE UN PASAJE SUGERENTE SACADO DE JUNGLAS (directamente inspirado en lo que se puede oír actualmente en la radio o la televisión. De la calle, no hablemos, pero con la calle seamos indulgentes.) —Aprender a desaprender el francés... ¡Parece mentira ! Si aquí los nativos ni siquiera saben formular correctamente una interrogación directa, ni pasar del singular al plural ! De las conjugaciones más elementales ni hablemos. ¡Para qué habré venido yo a Francia ! Para escuchar a cada rato : «Debemos reunirse sin tardar en el despacho directorial », o ««algo en la cual pienso noche y día», cuando no nos rompen el coco con «¿Es qué el lugar donde vives ?», «¿Es qué la intención del novelista ?», o «¿Es qué cómo te llamas ?» ¡Como si les fuera imposible zafarse de ese engrudo y decir sencillamente, como Dios manda, «cómo te llamas, macho» y «dónde vives, mi niño». En cuanto a la intención del mentado novelista ..., para mí que es dirigirse a lectores que no sean totalmente analfabetos. Menos mal que estás tú, amorcito, día y noche, noche y día para hacerme olvidar esos horrores ! Susana pasaba de la rabia a la risa. Le echaba los brazos al cuello, lo acariciaba, le arremolinaba el pelo, lo tumbaba en la cama, apretaba sus labios carnosos contra los suyos hasta hacerle daño, le mordisqueaba el lóbulo de la oreja, le alisaba las pestañas con su saliva, artísticamente. De todas estas ternezas vertiginosas ya no quedaba nada. Cyril, abatido, sufría en silencio. No servía argumentar. Aprender a desprenderse de ella... ¿No era ésta acaso la única solución atinada ? 11. Son bastantes los escritores latinoamericanos que he recibido y alojado en mi casa, todo un hotel, y con quienes mantengo relaciones amistosas, pero he de reconocer que algunos resultan particularmente entrañables y fieles, como el novelista costarricense Rodrigo Soto, el argentino Mempo Giardinelli (Premio Rómulo Gallegos 1993) y el poeta y ensayista dominicano Miguel Ángel Fornerín. Todos, reconocidos en sus países respectivos y fuera de las fronteras nacionales, tienen don de gentes, saben escuchar las interrogaciones ajenas, participar con llaneza y precisión en los debates, aportar respuestas, sugerir sus dudas, dialogar; en resumen, integrarse fructuosamente en una reflexión colectiva para mayor provecho de todos. También tengo que mencionar a Roa Bastos, un gran amigo del Centro de Estudios Latinoamericanos de Poitiers (C.R.L.A.), una figura incomparable de las letras latinoamericanas hoy fallecida, cuya modestia y actitud cooperativa siempre me llamaron la atención. Otros buenos amigos han muerto, desafortunadamente, como Rubén Bareiro Saguier, Juan José Saer, Saúl Yurkievich, y los vivos, como Mario Goloboff, Cristina Rivera Garza, Luisa Futoranski, Pablo Urbany, viven bien lejos o sólo se llegan hasta Poitiers de vez en cuando, para coloquios internacionales o seminarios. Pero la amistad y la admiración que les profeso se mantiene intacta. Nilo Palenzuela

mardi 22 mars 2016

AIMÉ BONPLAND: LA AVENTURA VITAL DE UN CIENTIFICO EJEMPLAR, POR FERNANDO AÍNSA

AIMÉ BONPLAND: LA AVENTURA VITAL DE UN CIENTIFICO EJEMPLAR Fernando Aínsa Pocas veces se puede leer una biografía en la que el autor esté tan compenetrado con la vida, el paisaje y el medio donde ha vivido el personaje del que narra su periplo vital, como la que nos ofrece Eric Courthès en este “viaje sin regreso” del botánico Aimé Bonpland 1. Placer inmenso el sumergirse en las tierras paraguayas donde el famoso científico francés estuvo confinado por el dictador Francia, revivir su existencia en las Misiones de la Argentina y esas incursiones en “la tierra purpúrea” que Hudson por esos años había inmortalizado en una emblemática novela sobre el Uruguay, La tierra purpúrea, que el autor nos procura. Placer contagioso, porque Eric Courthès ha vivido también en esas tierras, las ha recorrido con el mismo entusiasmo que lo hiciera Bonpland, habla desde “dentro” de un paisaje vivenciado en forma entrañable; nos describe la naturaleza, sus plantas y árboles, que Bonpland inventarió con minucia, con idéntica devoción. Documentado, abundante en notas de agradable lectura, lejos de la erudición farragosa de un académico, Courthès nos devuelve a esos años en que Bonpland, primero acompañando a Humboldt en su búsqueda de la unión del Orinoco con el Amazonas y luego solitario explorador del Paraguay y las Misiones, donde vivió hasta su muerte, intentando negocios y plantaciones sometidas a los avatares políticos de la época en una región convulsa, con guerras civiles y caudillos de volubles alianzas. Courthès conoce esa historia de primera mano y con estilo ágil y envolvente nos conduce en los meandros de la vida de Bonpland desde su muerte hasta sus orígenes en las tierras marítimas de la Rochela, donde había nacido. En ese remontar el tiempo, al modo de El viaje a la semilla de Alejo Carpentier, nos brinda un panorama de las ideas científicas de la época, del sobreviviente romanticismo que acompaña la curiosidad de aquellos buenos discípulos de la Ilustración que encontraron en tierras americanas un magnífico laboratorio y un mundo inédito, apenas inventariado. Época memorable, de héroes entregados con pasión a una vocación científica de la que la historia no siempre ha hecho un justo reconocimiento. Bonpland no ha tenido en Francia el merecido eco que su obra merecía. Courthès nos lo recuerda al describir las dificultades económicas en que vivió y la justicia que pareció llegarle, finalmente, en la misma tierra donde estuvo prisionero de ese dictador que dominó el Paraguay durante décadas y que el escritor Augusto Roa Bastos inmortalizó en Yo, el supremo, esa novela donde el propio Bonpland es personaje. Con hábil intertextualidad, Courthès acude a sus páginas para retrazarnos la ambigua relación que unió al botánico y su carcelero. Bonpland, al vivir en esas tierras que los conquistadores españoles habían bautizado como “el paraíso de Mahoma”, no pudo evitar ser un amante generoso en sus afectos y dejó una reconocida descendencia. Eric Courthès lo recuerda con contagiosa alegría que anima la biografía de un hombre que no solo se dedicó a describir y dibujar hojas y plantas, sino a ser un jocundo y vital personaje de su tiempo. Recomendable desde todo punto de vista esta biografía de Aimé Bonpland merecería una mayor difusión. Hombres así, espíritus curiosos y aventureros como este pionero explorador americano, ya no existen. Solo revividos como lo hace este otro gran aventurero e inquieto viajero que es Eric Courthès, es posible redescubrir un tiempo donde la tenaz curiosidad acompañaba a viajeros que inventariaban un mundo que era realmente un “Nuevo Mundo”. Zaragoza, marzo 2016 1 Eric Courthès, Le voyage sans retour d’Aimé Bonpland, explorateur rochelais (París,L´Harmattan,2010),http://www.editions-harmattan.fr/index.asp?navig=catalogue&obj=livre&no=31196. Hay una edición en español Memorias de un muerto, el viaje sin retorno de Amado Bonpland Asunción,Servilibro,2010, http://www.servilibro.com.py/libreria/productos/memorias-de-un-muerto-el-viaje-sin-retorno-de-amado-bonpland

jeudi 11 février 2016

TRAVESÍAS : JUEGUITOS A LA DISTANCIA Y CON EL TIEMPO, CON MI AMIGO FERNANDO AÍNSA

TRAVESÍAS1 : JUEGUITOS A LA DISTANCIA Y CON EL TIEMPO, CON MI AMIGO FERNANDO AÍNSA ‘’ Cuando amas tienes que salir/ No lloriquees sonriendo/ No te anides entre dos senos/ Respira camina sal vete/, Blaise Cendrars, ‘’ Tu es plus belle que le ciel et la mer’’, Au cœur du monde
Al proyectar mi último viaje -modesto si los hay respecto de mis travesías anteriores hasta las Antípodas y las islas del día de antes- a Bilbao y Zaragoza, en diciembre de 2015, resolví dedicar parte de la estancia en Bilbao al gran explorador bilbaíno: Pedro Enrique de Ibarreta2 , y la de Zaragoza, a un amigo de los viajes, las islas y las utopías, como yo, don Fernando Aínsa3 . Encontré a Fernando en la isla del Príncipe Eduardo, en Canadá, en 2006, en un magnífico congreso sobre la insularidad, en que el difunto C.E.L.C.I.R.P. de Néstor Ponce juntó a muchos otros colgados por el tema de la isla, y durante el cual nos fue dado asistir a una magistral conferencia sobre la insularidad de uno de los organizadores del evento: Godfrey Baldacchino4 -un maltés bien disparatado con las ínsulas también- en chancletas y bermuda, sólo le faltaba el salabre… No se olvidan semejantes encuentros, y cuando nos volvimos a ver hace unos quince días, fue como si todo el jueguito de las islas volviera a empezar… Lo abracé al gran forjador de utopías insulares en el pasillo de su piso de la Plaza San Francisco, como si lo hubiera visto el día anterior, y todos los jueguitos nuestros de isleños viajeros volvieron a empezar… Durante nuestra charla informal en el sofá, le dediqué mi novela de Bonpland5 , y mi diario de viaje de Guido Boggiani6 , y él hizo lo mismo con tres obras suyas7 . Pues empezamos a jugar con el tiempo, al abolir los siete años de separación, por no llegar yo como uno de esos ‘’ amigos de antes8 ’’, de improviso y pidiendo alojamiento y comida. De hecho, me había deparado la suerte del buen viajero una habitación de hotel con magistral vista al Puente de Piedra, a la Basílica del Pilar y al Ebro… Luego, nos comprometimos en escribirnos mutuamente una nota -ya que no basta con hablar del otro en términos teóricos sino que uno debe agasajarlo, para evitar la tremenda ‘’indiferencia’’ - y nos despedimos con las riquísimas empanadas chilenas de Mónica, la esposa de don Fernando, cuya voz aparece de forma anecdótica y cómica en el ensayo suyo que me toca comentar ahora. Travesías no es uno de esos ensayos clásicos, más bien monotemáticos y extensos, que nos toca leer en el mundo académico, es medio transgenérico, primero por su grafía especial. En efecto, el cuerpo del texto, en su centro habitual, se ve desdoblado a cada rato por notas que podrían ‘’ ser de pie de página9 ’’ pero que no lo son; convendría pues preguntarnos el por qué de semejante disposición gráfica: ''El centro Al final de estas idas y vueltas, de todos estos viajes entre aquí y allá y los cambios de punto de vista sucesivos que se asumen unos y otros en el espacio, puede haber quienes se pregunten, legítimamente, si esta Travesía, estos Juegos a la distancia entre ‘’ aquí y allá’’, no están viciados de nulidad. Tal vez el juego para voces múltiples que se ha jugado a través de estas páginas es nulo desde el principio10.'' Vamos a arriesgar una hipótesis, en estas notas centrales, con alta carga de cinismo y nihilismo en este ejemplo, el autor pasa a un plano metalingüístico de auto-crítica, casi de auto-censura, que quizás hubiese pasado desapercibido a pie de página; su gestión extraña del paratexto le permite además meter el yo, meterse a sí mismo, enfermo y solitario en un cuarto de hospital, algo inusual también en un ensayo: ''Se ruega no caer en el sentimentalismo barato y en otros males pequeños-burgueses. Apenas restablecido, estos fantasmas deberían ser conjurados con energía11.'' En su especie de geopoética, hay mucho ego, mucho lirismo incluso, que derivará luego en un ‘’ aprendizaje tardío’’ de la poesía. En sus ‘’juegos a la distancia’’ entre un acá parisino o zaragozano, y un allá montevideano, entre un norte y un sur, no simples polos opuestos sino verdaderos conceptos o categorías oponiéndose, entrechocándose a veces, barloventean las voces, exteriores e interiores, de un ser herido por la fractura entre el sur de la infancia en el Cono Sur que ya pasó a simple recuerdo, totalmente desfasado de su actual realidad, con acentos kunderianos12 , y la del norte, del presente, en que suele darse en espectáculo para confortar los tópicos de sus interlocutores, de los que quedaron acá, de ‘’ los que viven una sola vez [y] se aburren13.’’ Como ya lo habrán notado, el viaje y el exilio están en el meollo de todo el librito de Fernando -cortito pero denso- y la crítica a los que se quedaron es feroz: ‘’ Están asomados a las puertas de las casas en que nacieron y no han salido de su pueblo14.’’, sin lugar a dudas por sentir don Fernando a su vuelta el rechazo, el ‘’re-celo’’, el ‘’re-sentimiento’’ de quienes se quedaron y envidian sus idas y vueltas por el mundo, sus travesías, y cuya actitud segregacionista, excluyente del otro y la diferencia, trastorna al exilado hasta dejarlo en un tremendo malestar existencial y hacer que llegue a preguntarse: ‘’ ¿El exilio, estar mal consigo mismo15? ’’ Esa parte de la obra me recordó una frasecita mía, que elegí de exergo para encabezar la página de inicio de mi dominio16 en internet, diciendo más o menos que el viajero tiene vidas múltiples y que por donde pasa se lo considera un poco como un ‘’intruso17 ’’, pero dando a entender que ese anonimato le da más latitud para las travesuras del viaje por el sur, ‘’ válvula de escape18 ’’ para la gente libertaria y libertina de un norte (Francia) actualmente totalmente liberticida. En cambio, en el caso del exiliado, suele ser un intruso entre los suyos, al volver al pago de la Banda Oriental, será más bien una sensación muy fea para ‘’el ser del sur19 ’’ como se autodenomina o designa a sus pares latinos exilados, con mucha eufonía, el autor, en uno de sus mejores capítulos sobre el exilio… Igual que el personaje de mi primera novela: Amado Bonpland, yo, el viajero, encontré la felicidad en el sur, haciendo travesuras mis travesías, tal como lo recalca don Fernando en una de esas notitas centrales tan pertinaces: ¿Cuándo se dirá ‘’ encontró el sur’’ de aquel que habiendo perdido el Norte ha descubierto que su destino y la felicidad estaban del otro lado? También le tocó a Fernando hacer de sus travesías unas travesuras, jueguitos con el espacio, encontrarse a sí mismo con el Sur, por un instante fugaz y voyeuriste, tipo Aleph, con la chica – acaso una prostituta- que duerme desnuda cerca de los servicios del ‘’ Restaurante Don Juan’’, y a la cual espía desde la ventana del patio, la cual de repente ve que la está mirando y le sonríe, uniendo por un ratito sus dos trayectorias que sólo se cruzan en ese mínimo punto, en su mítico viaje de diciembre de 1991, en autobús desde Montevideo a Chile, la andina patria alargada de su esposa: ''Debe pasar algo en esos instantes de mágica contemplación, porque de pronto abre los ojos y me mira con dulzura y me sonríe, como si hubiera pasado la noche en su compañía. Luego, lentamente, con pereza, estira la sábana, se cubre y se vuelve a quedar dormida20.'' Pues los jueguitos de don Fernando con el tiempo de la infancia y sus espacios recobrados, a través de viajes míticos para apropiarse de nuevo de sus territorios, son a la vez textuales, ocupando varios espacios en la página y asumiendo varias voces, dentro y fuera de él, en las de los miles de otros de exiliados políticos de América Latina de los años 70 y 80, y también conceptuales, al manejar categorías tan difíciles de asir como el viaje, el exilio, el norte y el sur. En este aspecto, el libro cobra sus aspectos más brillantes en el abordaje a la categoría de isla, idóneamente titulado: ‘’Islario contemporáneo21’’, que viene al final, a modo de colofón: el lugar de enunciación del exiliado ‘’des-exiliado’’ es una isla, su isla interior, la voz de su conciencia ‘’a-islada’’, en especial en las notitas centrales… En aquella isla-matriz, chiquita y linda, textual y conceptual, hay una vulva de mujer a lo Michel Tournier, o de varias mujeres, al borde del camino, de los caminos del exiliado: la chica del ‘’Don Juan’’ de forma inesperada y puntual, y la mujer-madre: su Mónica, como constante invariable e isla-abra para el descanso eterno de la pareja. Aunque sea una soledad de a dos, de a dos exilados latinos se aguantan mejor las secuelas de tantas travesías, de tantos trastornos entre un norte y un sur, que lo despistan a uno al querer encontrarse con el otro, como el viajero, o más bien consigo mismo, como el exilado ‘’des-terrado’’ de sus islas rioplatenses: mi amigo don Fernando Aínsa… Éric Courthès, 12/02/16 Cul-de-Sac, San Martín, Guadalupe Travesías, Juegos a la distancia, Ediciones Litoral, Málaga, 2000, http://fernandoainsa.blogspot.com/p/obras-individuales.html [1859-1898] Después de exiliarse a Francia e Inglaterra durante las Guerras Carlistas de joven, de cartografiar el Chaco argentino, de pelear en la Guerra de Cuba, el ilustre y temerario bilbaíno terminó devorado por los Tobas del río Pilcomayo, a los 39 años, igual que Jules Crevaux, dieciséis años antes, a los 35. http://www.euskalkultura.com/espanol/noticias/pedro-enrique-ibarreta-un-aventurero-vasco-en-tierras-de-cuba-brasil-argentina-bolivia-paraguay Palma de Mallorca, [1937], escritor aragonés y uruguayo que trabajó de director editorial en la UNESCO en París, de 1974 a 1999. Es ensayista, crítico literario y poeta. Sus ensayos de americanista suelen versar sobre temas tan ricos como la utopía, el exilio y las islas. Por no estar afiliado a ningún laboratorio, su estilo sencillo, pedagógico, y transgenérico, no se parece al de los típicos académicos, cuya jerga es a menudo abstracta, elitista e ilegible… https://eroxacourthes.wordpress.com/2006/09/02/une-vision-globale-et-transdisciplinaire-des-etudes-insulaires-par-godfrey-baldacchino-p-1/ Memorias de un muerto, el viaje sin retorno de Amado Bonpland, Asunción-Corrientes, Servilibro-Subsecretaría de Cultura de Corrientes, 2010. http://www.servilibro.com.py/libreria/productos/memorias-de-un-muerto-el-viaje-sin-retorno-de-amado-bonpland [1861-1901] Explorador, pintor, y etnofotógrafo italiano, asesinado a los 40 años por los Chamacocos Bravos, en Paraguay, en el Chaco Boreal. Traduje al español , compilé y anoté un diario de viaje suyo a los Caduveos, en 1892, Los Caduveos, Guido Boggiani, Universidad Católica, C.E.A.D.U.C., Biblioteca Paraguaya de Antropología, Vol. 95, Asunción, 2014. http://www.ceaduc.uca.edu.py/index.php/el-ceaduc/staff/87-libros/autores-nacionales/109-los-caduveos, a partir de la traducción brasileña de Amadeu Amaral Júnior, revisada por Herbert Baldus, Os Caduveos, Editorial Itataia, Belo Horizonte y Editorial de la Universidad de São Paulo, 1975, de la obra original en italiano: I Caduvei, Editorial Ermanno Loescher & Co, Roma, 1905. 1 Desde el otro lado, prosas concisas, Pregunta Ediciones, Madrid, 2014, http://preguntaediciones.blogspot.com/2015_04_01_archive.html Aprendizajes tardíos, Ediciones El otro, el mismo, Mérida, Venezuela, 2007, http://www.iberlibro.com/buscar-libro/titulo/aprendizajes-tardios/autor/fernando-ainsa/ 2 Ibid, pp. 45-46 3 Ibid, p. 106 4 Ibid, p. 62 5 Ibid, p. 51 http://www.revistadelibros.com/articulos/la-ignorancia-de-milan-kundera 6 Ibid, p. 47 7 Ibid, p. 47 8 Ibid, p. 64 9 ‘’Los viajes solitarios nos permiten vivir varias vidas, llegar como intrusos en fiestas de otros, entrar en sus amores, sus amistades, y sus juegos, el Viaje nos hace múltiples, en el espacio y el tiempo, inmortales …’’ http://ériccourthès.com/index.html 10 ‘’ En ese primer y remoto desajuste que persevera hasta hoy, está tu extranjería esencial. Esa condición de intruso que te da la mirada diferente sobre los hombres y las cosas.’’, ibid, p. 61. 11 Ibid, p. 77 12 Ibid, pp, 65-90 13 Ibid, p. 99 14 Ibid, pp. 101-119 15 ‘’ Ya lo dijo D.H. Lawrence en El hombre que amaba las islas: ‘’ una isla, si es suficientemente grande, no es mejor que un continente. En realidad debe ser bastante pequeña para sentirse como una isla y diminuta para que se adapte perfectamente a tu propia personalidad.’’, ibid, p. 104

jeudi 16 juillet 2015

EL DOLOR DE LA MADUREZ EN DOS DIARIOS DE GOMBROWICZ Y BIOY CASARES, ÉRIC COURTHES

EL DOLOR DE LA MADUREZ EN DOS DIARIOS DE GOMBROWICZ Y BIOY CASARES
''La escritura es una descarga del sufrimiento.'' Scholastique Mukasanga I) WITOLD GOMBROWICZ: EL MADURO INCOMPLETO Witold Gombrowicz nació en 1904, en Maloszyce, cerca de Kielce1, a mitad de camino entre Varsovia y Cracovia, en Polonia, y murió en 1969, en Vence, cerca de Niza, en Francia. Empero, si bien ya se había dado a conocer en su país antes de su salida a Argentina, con la iconoclasta ''novela'' Ferdydurke2, en 1937, y si terminó su carrera literaria en Francia, ya reconocido universalmente, pasó 24 años de su corta vida en Argentina, donde quedó en el recuerdo de todos como el hombre que quiso matar a Borges3. En efecto, se negó a frecuentar los salones de las Ocampo, y en lugar de halagar a los grandes autores locales, como Borges y Bioy Casares, se pasó la vida criticando su dependencia intelectual respecto de Europa y pues, su falta de argentinidad. Aunque parezca paradójico, un polaco ilustre, aristócrata y rebelde, se metió con el pueblo callejero y trasnochero del Retiro en Buenos Aires, con jóvenes intelectuales desconocidos en Tandil donde vivió, y en Santiago del Estero4 donde pasó unos meses, y sacó más observaciones válidas sobre la Argentina5, que cualquiera de sus mayores pensadores. Según Juan José Saer, el Geniazo del Paraná: ''el tema witoldiano por excelencia, la inmadurez, lo inacabado que él atribuía a la cultura polaca, venía siendo de un modo inequívoco, desde los años veinte, la preocupación esencial de los intelectuales argentinos6.'' Por lo tanto, al enterarse don Witold de que los críticos argentinos ni lo entendían al respecto, y sólo notaban de él su aspecto irreverente y prepotente, se puso a practicar metadiscursos críticos a fines pedagógicos, tenemos una muy buena muestra de ello, al comienzo del Diario argentino7: '' En Ferdydurke están en pugna dos amores y dos tendencias; una hacia la madurez y otra hacia la inmadurez eternamente rejuvenecedora... el libro es la imagen de alguien que, enamorado de la inmadurez, pugna por la madurez. Mas era evidente que no lograba sobreponerme a ese amor ni civilizarlo, y él, agreste, ilegal, secreto, me devastaba igual que antes, como una fuerza prohibida. Y... ¡ qué impotencia la del verbo frente a la vida.'' El Diario argentino fue publicado post mortem, en 1967, 4 años después de que falleciera el Geniazo de los Cárpatos en Francia, pero cuenta las andanzas argentinas de don Witold entre 1939 y 1963, o sea que ese dolor interno, esa atracción fatal por los jóvenes, de ambos sexos8, lo devastó, para emplear sus propias palabras, durante muchísimo tiempo, hasta su muerte. Y podemos suponer que con la vejez, se puso más agudo, más inaguantable, el dolor, y que la conciencia que tenía de lo grotesco y patético de su personaje: un viejo baboso persiguiendo a jovencitos y jovencitas por todas partes, lo habría matado, de a poco... Es de notar en el Diario cómo se veía a sí mismo: un '' hombre enamorado de la inmadurez9'' -y no de los inmaduros- y recalcar que al admirar la juventud y sus encantos, su natural felicidad rayando con lo insolente, pese a ser un viejo10, nunca cae en lo grosero, en lo vulgar. Empero, ese '' amor agreste, ilegal, secreto'' lo iba devorando por dentro, le daba un sentimiento de rabia, de impotencia, de culpabilidad. Por ejemplo, en la plaza Sarmiento de Santiago del Estero, al ver pasear a parejas y grupos de jóvenes, nota en el diario: '' Miraba como si no tuviera derecho a hacerlo, como si estuviera espiándolos11.'' En el renglón anterior, nos da una idea más precisa de su ''hombre'', o sea de su personaje, dado que se pone en escena a sí mismo en el Diario: '' incompletamente maduro'', dice, esto es, un hombre incompleto, por ser '' degradado por la forma'', con su cuerpo deformado por la vejez, y no poder alcanzar las nuevas formas lindas, los nuevos modales de los jóvenes y sus cuerpos, tan opuestos al suyo, por quedar relegado, postergado, en una palabra: anticuado... Desde luego, ese dolor les parecerá a algunos oyentes de esta ponencia, de poco peso comparado con el dolor de los autóctonos, de los presos políticos, de los clandestinos, de los marginados de toda índole que pueblan la geografía política de América Latina, de ayer y de hoy. Sin embargo, ese Dolor cala muy hondo en la conciencia de uno de los mayores pensadores del siglo XX, y así lo hace Escritura -o sea Dolor del Dolor12 según lo rezado en el exergo de Scholastique Mukasanga. No obstante, no se olvida del dolor del otro, en especial del dolor del indio, de Santiago del Estero13. En efecto, al notar la sumisión de los jóvenes indios y mestizos de Santiago, rayando con el masoquismo, se pregunta si su '' cuerpo fácil'' ¿ será '' una herencia de la desnudez de las tribus que tan fácilmente sometían la espalda al azote14?'' y compaginando su angustia existencial con la historia, nos recuerda lo que decía el General Paz, en sus memorias: '' El General Paz describe en sus memorias cómo en los años cuarenta del siglo pasado [el XIX] el gobernador mandó que degollaran diariamente con un cuchillo a dos indios […] veía a menudo sus ojos cuando eran conducidos a la decapitación... El sadoquismo y el masoquismo todavía hoy se mueven, hablan en las calles... ese aire me envenena. ¡He aquí la perversidad de Santiago15!'' […] '' Esta demencia inaudible, este pecado inocente, estos ojos negros sumisos. ¡Quiero abrazar la demencia! Le salgo al paso... ¡ yo, a mi edad! ¡Catástrofe! ¡Pero qué, sino la edad, es la causa de que le tienda los brazos a la demencia... esperando que me resucite, tal como era, en toda mi sensualidad creadora! [...] ¡Maldito sea el cuerpo de ellos! ¡Maldito sea su cuerpo fácil! [...] -Es la venganza del indio16.'' El joven indio o mestizo, o el joven ''negro'' -como dicen algunos argentinos mal informados y sobre todo mal intencionados, que se creen totalmente blancos -se desquita con su cuerpo elástico de cobre, con su caminar sensual por la plaza, con el fondo de sus ojos blanquísimos, con su sonrisa, con sus dientes resplandecientes, con su música: la chacarera y el chamamé, con su bailar, con su ritmo, con su corazón, con su Humanidad sobre todo... Esa belleza natural le parece demente a don Witold, y lo hace caer en la demencia, pues le tiende los brazos, quiere abrazar esa locura joven, esperando que le devuelva parte de la suya, combate vano en verdad, que lo hace más patético al autor-personaje, y desencadena en el lector una serie de risas; he ahí, sin lugar a dudas, el verdadero secreto de una buena historia:'' Por eso con un grito de: '' ¡Hacia la juventud! ¡ En la juventud! ¡ A agarrarla, experimentarla. Destruir esta barrera de la edad!'', se lanzó una vez más en un ataque loco y envejecedor17'' En muchas partes del diario, el autor-personaje cobra aspectos totalmente burlescos e incluso quijotescos. En efecto, es de imaginar a ese conde polaco, casi sesentón, tratando de '' agarrar'' -con la mente se supone- a uno de los jovencitos o las jovencitas que iban paseando por la Plaza Sarmiento de Santiago. Habría asustado a más de uno, incluso si '' el negro'' joven del interior argentino suele tener buena onda, podemos suponer que ese Personaje totalmente literario y desfasado, tipo dandy de los Cárpatos, que de repente anduvo metido en la realidad santiagueña o tandileña, alguno roces con la gente del común habría provocado, y los hizo '' ficción''... Empero, al fin y al cabo, más allá del aspecto burlesco, lo que domina en este diario es el aspecto trágico, por el dolor inmenso de un hombre desarraigado de su propia cultura18, y totalmente desfasado con sus pares cincuentones, por sentir cierta incompletud fuera de la juventud, su fuente de inspiración pero también el origen de casi todos sus sufrimientos de solterón solitario, aislado del mundo, en sus peregrinaciones por la Argentina19 del interior de los años sesenta. II) ISIDORO VIDAL, DE ADOLFO BIOY CASARES: UN MADURO INCONFORME Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires en 1914 y murió en la misma ciudad en 1999, su obra variada y sumamente original osciló siempre entre la literatura fantástica, la policial y la de ciencia ficción, con una indudable dimensión paródica, amén de sociológica. Se dio a conocer temprano, a los 26 años, con su primera obra, obra maestra si las hay: La invención de Morel, en 1940, sus diferentes colaboraciones literarias con Jorge Luis Borges aumentaron su prestigio, dentro y fuera del país, y por el conjunto de su obra, se le atribuyó el prestigioso Premio Cervantes, en 1990. Publicó El diario de la guerra del cerdo en 1969, a los 55 años, o sea que su personaje, con tal que lo identifique con él -en el momento de la redacción del diario- tendría más o menos la misma edad que nuestro Conde Polaco. Pero lo contado pasa durante una quincena de días en los meses de junio y julio, de un año que no identifica expresamente pero que sería 1943, ya que menciona las “charlas de fogón” del General Farrel20 y sus jóvenes turcos21, aludiendo claramente a su líder, el entonces coronel Perón, que en 1946 fue elegido Presidente de la Nación. Además, en 1969, año de publicación de la obra, la Argentina estaba gobernada por la dictadura del general Onganía, que en 1966 había derrocado al presidente constitucional Illía, gracias al desarrollo de organizaciones guerrilleras integradas en su mayoría por jóvenes de 20 a 30 años, o sea que este diario fingido tiene un doble contexto histórico bien definido... El personaje, Isidoro Vidal, o don Isidro, recién jubilado, vive en un cuartito de un conventillo de la Calle Las Heras, solito, pero en el cuarto contiguo vive su hijo, Isidorito. Todas las tardes se reúne con otros viejitos, más o menos de su edad para jugar al truco, pero no encaja del todo con los demás, no se siente tan viejo como ellos, y siente una fatal atracción por Nélida, la hija de una de sus vecinas, una chica de unos 25 años cuando él tiene unos 55. Una tarde, es víctima de un botellero loco22, quien sin ton ni son le tira una botella que le roza la cara y estalla en el muro vecino, al ver que le tira otra, regresa corriendo al zaguán del conventillo, donde estaba Nélida esperando a su novio. Al verlo tan asustado, entra en su habitación con él, se sienta a su lado en la cama, y le da consuelo. Pero en lugar de gozar de semejante situación deparada por el destino, se imagina que la mina lo mima porque es viejo, que lo trata como a un niño porque lo cree demasiado viejo, para sentir deseo por ella. Pues siente una enorme frustración debida a la imagen que tiene de él la joven y sobre todo a su falta de iniciativa: '' De pronto creyó que no besarla era una privación intolerable. […] Esto no me pasaba antes ( y se dijo que el comentario se le volvía habitual). […] En una situación así yo era un hombre frente a una mujer; ahora23...'' El dolor del maduro Vidal se concreta en una manifestación de bronca y de impotencia, al no poder tomar la iniciativa de la seducción con Nélida, se siente desprovisto de su potencial de hombre, el dolor de la '' privación'' y la pérdida simultánea de su autoestima se le hacen intolerables. Pese al anclaje histórico de la narración, todo resulta ser totalmente fantástico, ya que es una de las características de la prosa de Bioy -un poco como la de Borges, Kafka, Gogol o Hawthorne- el entorno de los personajes es muy familiar pero los acontecimientos rayan con lo fantástico... Esas raras cacerías de viejos en las calles de Buenos Aires, esa guerra al cerdo, porque tienen los jóvenes una imagen muy negativa de sus genitores: '' Dicen que los viejos -explicó Arévalo- son egoístas, materialistas, voraces, roñosos. Unos verdaderos chanchos24.”, nos hacen aceptar como verosímiles la matanza de un viejo a patadas en plena calle, a la vista de todos, al comienzo de la novela, y al final, la de uno de los amigos de Vidal, Néstor, pisoteado por los hinchas de Boca25, a la vista de su propio hijo... El odio a los viejos oscila entre lo repugnante y la glorificación de la juventud: '' Detrás de esta guerra contra los viejos no hay más que argumentos sentimentales a favor de la juventud26.'', los jóvenes turcos y sus agentes son totalmente odiosos27: '' - Los que provocan son agentes provocadores, pagados por los Jóvenes Turcos28-'', y tirar a un viejo desde lo alto de una tribuna de la Bombonera para pisotearlo luego, resulta ser para ellos un acto totalmente normal... Pues el diario no es amable con la vejez, a la que presenta como el lugar de lo repugnante, de lo desvaído y de la muerte. A los personajes “viejos”, incluido Vidal, les cuesta reconocerse como tales y muestran su odio y rechazo con la vejez. Algunos de ellos, como Arévalo, son merecedores de la violencia de la que son víctimas, ya que corretean a las muchachas, son egoístas y cobardes. Bioy Casares retrata a los jóvenes como violentos y descerebrados que realizan sus actos sin saber qué motivos les guían pero, dentro de la irracionalidad de la situación inserta frases alusivas a una explicación, como: “En esta guerra los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser”, “a través de esta guerra (los jóvenes) entendieron de una manera íntima, dolorosa, que todo viejo es el futuro de algún joven. ¡De ellos mismos, tal vez! … matar a un viejo equivale a suicidarse29.'' En resumidas cuentas, los jóvenes matan a los viejos por odio a sí mismos mientras que los viejos buscan a los jóvenes por miedo a sí mismos, y por tanto, a la muerte: y “la muerte hoy no llega a los cincuenta sino a los ochenta años, y … mañana vendrá a los cien… Se acabó la dictadura del proletariado, para dar paso a la dictadura de los viejos30.'' Por otra parte, como ya lo anticipamos, en forma paralela a estos acontecimientos, el protagonista Vidal encontrará a una muchacha que se enamore de él, lo proteja cuando la violencia lo amenace y la guerra del cerdo terminará. En efecto, Vidal, después del episodio tragicómico del botellero loco, se refugiará en un nido de amor con su pendeja, la bonita Nélida, a la iniciativa de la chica, pero lo más sorprendente es que el protagonista -en lugar de volar en justas nupcias con su vecinita, y huir ese mundo suyo de los viejos por el cual siente una fuerte atracción y rechazo al mismo tiempo- encontrará un término medio, mitad con ella y otra mitad, con sus viejos amigos de la tertulia... Tras esa quincena trágica para los viejos, todo vuelve a encajar en el marco habitual de la rutina, el dolor ya se le acabó a Vidal, pero el lector no queda inmume, y no sólo porque se podría identificar con el final feliz: un viejo aún verde en pareja con una muchacha amorosa, sino por los diferentes enfoques posibles del diario: farsa sociopolítica y/o parábola sociológica... El jovenismo31 ensalzado por los jóvenes turcos, a fines partidarios desde luego, elevar al poder al incipiente -en aquel entonces- General Perón, comparte el escenario con la inconformidad de un viejo con su estatuto, y su voluntad enfermiza de buscar el elixir de eterna juventud con una chica joven... Por lo tanto, el lector tiene una doble imagen de la juventud, contradictoria, la del odio insensato de los jóvenes turcos por los viejos, y la de una chica enamorada de un hombre maduro, al cual mima como si fuera su propio hijo... Pasa lo mismo con su visión de la vejez, puesto que aunque lo que domina, es el malestar de Vidal frente a la juventud, lo que queda es su perfecta adaptación a su nueva vida en pareja, ''a medio tiempo'', por no romper del todo con su pasado de viejo inconforme, y no perder de vista la importancia de la amistad, menos tributaria de las circunstancias que el amor... En síntesis, aunque nuestros dos viejitos, tengan una aspiración y un dolor en común: agarrar un poco de las formas de la juventud para, en el caso del Conde polaco, erradicar su madurez de viejo, y en el de Vidal, rejuvenecerse en su fuente y quedar conforme, son muy diferentes, y si bien el segundo queda al final satisfecho conservando ambas formas, el primero sale de Argentina, para volver a Europa, con toda la frustración encima... Sus respectivos dolores y sus escrituras los llevan a metas distintas, sólo su camino del dolor -su vía crucis a por la juventud- los acerca y nos permitió relacionar por primera vez estos dos diarios y elaborar esa modesta notita... Éric Courthès eroxa_courthes@hotmail.com Issoudun, le 03/05/2014

mercredi 23 juillet 2014

''La aventura americanista de Aimé Bonpland y Guido Boggiani', por Eric Courthes'

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE ENTRE RIOS FACULTAD HUMANIDADES ARTES Y CIENCIAS SOCIALES 2014 CONFERENCIA
Invitado por la Facultad Humanidades Artes y Ciencias Sociales de la UADER, el día martes 29 de julio, a las 19 hrs, el Dr Eric Courthés de la Universidad Paris X Nanterre (Francia) dictará la conferencia La aventura americanista de Aimé Bonpland y Guido Boggiani. Concluido el receso invernal en la provincia de Entre Ríos, el Dr Courthes procederá a una breve estancia de intercambio con investigadores y profesores interesados en la problemática de la literatura de viajeros. Aimé Bonpland es uno de los viajeros más importantes en la historia natural del siglo XIX. Célebre compañero de Alexander von Humboldt es uno de los naturalistas más destacados que ha recorrido e investigado el extenso territorio de América del Sur, a lo largo de una vida azarosa que lo llevó a la cárcel, por más de 10 años o al corazón de territorios vírgenes cuya flora y fauna describió por primera vez. A su vez, el italiano Guido Boggiani recorre con su cámara fotográfica la selva paraguaya a finales del siglo XIX. Su diario acerca de los caduveos, acérrimos enemigos de los guaraníes ha sido traducido el año pasado por el Dr Courthés. Eric COURTHES nació en Melun, al este de París, en 1959. Es egresado de la Universidad de París X Nanterre. En 1998, obtuvo el Doctorado de etnolingüística, bajo la dirección de Bernard Darbord con una tesis sobre las relaciones interlenguas entre español y quichua en Santiago del Estero. En 2000, viaja a Asunción, donde entrevista a Augusto Roa Bastos y publica una larga serie de artículos y ensayos sobre el Paraguay y la lengua guaraní. También ha publicado en 2007, una traducción al francés de Roa Bastos, Métaphorismes; y otra, de Carolina Orlando, Mémoires apocryphes d’Augusto Roa Bastos. En 2006, publica su primer libro de poesía, novelas cortas y teatro en La Société des Ecrivains. En 2007, empieza a escribir su novela sobre el explorador rochelés, Amado Bonpland, su coprovinciano, Le Voyage sans retour d’Aimé Bonpland, explorateur rochelais, publicada por L’Harmattan en París, en 2010, conjuntamente, con Servilibro, en Asunción (Paraguay), y la Subsecretaría de Cultura de Corrientes (Argentina), que se publica em español con el título Memorias de un muerto, el viaje sin retorno de Amado Bonpland. Es investigador afiliado al C.R.I.M.I.C. S.A.L., de La Sorbona, en París, desde el 2006 y colabora con varias revistas, como Amerika (Universidad de Rennes) o Escritural (Universidad de Poitiers). Lleva 21 años enseñando en la secundaria-terciaria, y como tal ha organizado cuatro proyectos pedagógicos de importancia, uno sobre Roa Bastos, en Saintes, en 2003, otro sobre la insularidad, en Mayotte, en 2007, otro sobre Amado Bonpland, en La Rochela, en 2009, y por fin, un último, en Pirae, en Tahití, sobre Hernán Rivera Letelier, en 2012. Vivió diez años fuera de Francia, seis años en África, en Mayotte, (98-2000 y 2003-2007) y cuatro en Tahití, (2009-2013), islas francesas donde fue profesor de español. En 2012, publicó la primera traducción al francés de El trueno entre las hojas de Augusto Roa Bastos.Por último, está por publicar en 2014, una traducción de Los Caduveos, el diario de viaje inédito en español, de Guido Boggiani, el famoso explorador y pintor italiano que recorriera en 1875 el Paraguay, y en 2015, una novela sobre el mismo personaje: Yo, Guido Boggiani. Al concluir su conferencia La aventura americanista de Aimé Bonpland y Guido Boggiani el Dr. COURTHES dialogará con estudiantes, profesores y público presente. Esta actividad ha sido organizada por las cátedras Análisis del discurso y Semiótica –CCI- y Literatura argentina I del profesorado en Lengua y Literatura- de la Facultad Humanidades Artes y Ciencias sociales. La misma se desarrollará el día MARTES 29 de julio a las 19 hrs en el MUSEO HISTORICO PROVINCIAL MARTINIANO LEGUIZAMON DE PARANÁ. El Museo por gentileza de sus autoridades acompañará la exposición del Dr. Courthés exhibiendo textos de viajeros de su propiedad. La entrada es libre y gratuita.

lundi 21 juillet 2014

''Problemas interlinguísticos e interculturales del quichua y el español'', UNIVERSIDAD AUTONOMA DE ENTRE RIOS FACULTAD HUMANIDADES ARTES Y CIENCIAS SOCIALES C.I.LEN- CENTRO INTERCULTURAL DE LENGUAS, 28 DE JULIO 2014

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE ENTRE RIOS FACULTAD HUMANIDADES ARTES Y CIENCIAS SOCIALES C.I.LEN- CENTRO INTERCULTURAL DE LENGUAS
2014 CONFERENCIA Problemas interlinguísticos e interculturales del quichua y el español DR. ERIC COURTHES (Universidad París X Nanterre)   LUNES 28 DE JULIO 17.30 hrs. AULA 21 1º PISO ESCUELA NORMAL ( Urquiza y Corrientes)- PARANÁ. Invitado por el Centro Intercultural de Lenguas de la Facultad Humanidades Artes y Ciencias Sociales de la UADER, el día lunes 28 de julio, a las 17.30 hrs, el Dr Eric Courthès de la Universidad París X Nanterre (Francia) dictará la conferencia  Problemas interlinguísticos e interculturales del quichua y el español. Concluido el receso invernal en la  provincia de Entre Ríos, el Dr Courthes procederá a una breve estancia de intercambio con investigadores  y profesores de lengua interesados en problemas linguísticos. El profesor Eric COURTHÈS  nació en Melun, al este de París, en 1959. Es egresado de la Universidad de París X Nanterre. En 1998, obtuvo el Doctorado de etnolingüística,  bajo la dirección de Bernard Darbord con una tesis sobre las relaciones interlenguas entre español y quichua en Santiago del Estero. Esta provincia argentina aún cuenta con más de 100 000 hablantes bilingües, y constituye un reducto lingüístico único en todo el país. En 2000, viaja a Asunción, donde entrevista a Augusto Roa Bastos y  publica una larga serie de artículos y ensayos sobre el Paraguay y la lengua guaraní. También ha publicado en 2007, una traducción al francés de Roa Bastos, Métaphorismes; y otra, de Carolina Orlando, Mémoires apocryphes d’Augusto Roa Bastos. En 2006, publica su primer libro de poesía, novelas cortas y teatro en La Société des Ecrivains. En 2007, empieza a escribir su novela sobre el explorador rochelés, Amado Bonpland,  su coprovinciano, Le Voyage sans retour d’Aimé Bonpland, explorateur rochelais, publicada por L’Harmattan en París, en 2010, conjuntamente, con Servilibro, en Asunción (Paraguay), y la Subsecretaría de Cultura de Corrientes (Argentina), donde se publica en español con el título Memorias de un muerto, el viaje sin retorno de Amado Bonpland. Es investigador afiliado al C.R.I.M.I.C.  S.A.L., de La Sorbona, en París, desde el 2006 y colabora con varias revistas, como Amerika (Universidad de Rennes)  o Escritural (Universidad de Poitiers).  Lleva 21 años enseñando en la secundaria-terciaria, y como tal ha organizado cuatro proyectos pedagógicos de importancia, uno sobre Roa Bastos, en Saintes, en 2003, otro sobre la insularidad, en Mayotte, en 2007, otro sobre Amado Bonpland, en La Rochela, en 2009, y por fin, un último, en Pirae, en Tahití, sobre Hernán Rivera Letelier, en 2012. Vivió diez años fuera de Francia, seis años en África, en Mayotte, (98-2000 y 2003-2007) y cuatro en Tahití, (2009-2013), islas francesas donde fue profesor de español. En 2012, publicó la primera traducción al francés de la novela  El trueno entre las hojas de Augusto Roa Bastos.Por último, está por publicar en 2014, una traducción de Los Caduveos, el diario de viaje inédito en español, de Guido Boggiani, el famoso explorador y pintor italiano que en 1875 recorriera el Paraguay, y en 2015, una novela sobre el mismo personaje: Yo, Guido Boggiani.   Al concluir su conferencia  Problemas interlinguísticos e interculturales del quichua y el español, el DR  COURTHES dialogará con investigadores, lingüistas y profesores de lengua presentes. Esta actividad organizada por el Centro Intercultural de Lenguas de la Facultad Humanidades Artes y Ciencias sociales  se desarrollará el día LUNES28 de julio a las 17.30 hrs. en el  AULA 21 PRIMER PISO DE LA ESCUELA NORMAL (Urquiza y Corrientes) de la ciudad de PARANÁ.  La entrada es libre y gratuita.  

'' IBARRETA'', POR ALFREDO RODRÍGUEZ

Finalizó el rodaje del telefilm “Ibarreta” del realizador clorindense Alfredo Rodríguez MAR 31 Publicado por tuclorinda
La dramática historia del explorador español Pedro Enrique de Ibarreta, asesinado durante su expedición en busca de la desembocadura del río Pilcomayo será contada en el telefilm documental Ibarreta, del realizador clorindense Alfredo Rodríguez, cuyo rodaje finalizó esta semana. Las filmaciones, que se extendieron por 15 días, abarcaron distintas locaciones en la ciudad de Clorinda, Formosa, Ibarreta, San Martín 2 y un sitio, en medio de la espesura del monte a pocos kilómetros del antiguo trazado del río Pilcomayo, en el que se erige un monolito que recuerda el lugar de muerte del explorador. Para contar la historia, el documental es protagonizado por el clorindense Marcelo Pedretti, bisnieto de José Fernández Cancio quien, en 1901, rescató* los restos de Pedro Enrique de Ibarreta. En su afán de reconstruir aquella búsqueda, Marcelo emprende un viaje – 113 años más tarde- por distintas zonas de nuestra provincia para recobrar lo que queda de la memoria del explorador vasco. El telefilm también incluirá escenas de ficción en escenarios naturales con la participación de actores clorindeses y la actuación del correntino Luigi Serradori en el papel de Pedro Enrique de Ibarreta. Por su parte, en el rol de Cancio actuó José Chelo Cáceres, oriundo de Clorinda. El material se rodó en formato de alta definición y en breve comenzará la etapa de postproducción que demandará unas 6 semanas de trabajo digital. Está previsto que el telefilm sea entregado al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales en mayo, tras lo cual quedará gratuitamente a disposición de emisoras de todo el país en el Banco de Contenidos Audiovisuales federales (BACUA). El apoyo de gran cantidad de personas e instituciones hizo posible esta importante producción audiovisual que se realizó en nuestra provincia. A través de la resolución 250/14, el Ministerio de Cultura y Educación de la provincia declaró de Interés Cultural y Educativo al telefilm documental. Con Ibarreta, Rodríguez resultó ganador por Formosa del Concurso Nacional de Telefilmes organizado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). No es la primera vez que Rodríguez se hace acreedor de un concurso nacional. Su proyecto documental Regreso al Pilcomayo fue ganador del Concurso Nosotros, organizado por el INCAA y el Consejo Asesor de la Televisión Digital. También con Regreso al Pilcomayo, fue distinguido en 2010 con una Mención Especial del jurado del 4º Concurso Federal Raymundo Gleyzer-Premio a Desarrollo de Proyecto Largometraje, organizado por el INCAA. Asimismo, en 2006, Rodríguez ganó el 1er Concurso Federal Raymundo Gleyzer con el proyecto de largometraje Fermín, el maestro soldado, y en 2007 obtuvo un premio del Fondo Nacional de las Artes (FNA). En 2007 obtuvo un premio del Fondo Nacional de las Artes y en 2009, elegido para la Selección Oficial de proyectos en el Doc Meeting Argentina, compitiendo con otros 190 proyectos de 15 países, y en enero y febrero del 2013 fue elegido por el INCAA como uno de los nueve becarios por Argentina para participar del Programa Mercosur Audiovisual (PMA), que se realizó en Asunción, con financiación de la Unión Europea. • El mismo Cancio, en 1902, rescató en el Chaco paraguayo, los restos del explorador italiano, Guido Boggiani, asesinado por los Chamacocos en 1901.